martes, 7 de diciembre de 2010

Calma pueblo (Néstor, nuestro residente)


( http://www.youtube.com/watch?v=lz8iKoQ8VSo )
Yo uso al enemigo a mi nadie me controla
Le tiro duro a los gringos y me auspicia coca cola
De la canasta de frutas soy la unica podrida
Adidas no me usa, yo estoy usando adidas

Mientras bregue diferente, por la salida entro
Me infiltro en el sistema y exploto desde adentro
Todo lo que les digo es como el Aikido
Uso a mi favor la fuerza del enemigo

Ahora quitate el traje falda y camiseta
Despojate de prendas marcas etiquetas
Pa' cambiar el mundo desnuda tu coraje
La honestidad no tiene ropa ni maquillaje

¿Cuántas veces y de cuántas maneras debatimos acerca de cómo han surgido, pueden o deben surgir las revoluciones?
Tanto corrieron, corren y seguirán corriendo la tinta, la sangre y las voces…
Pero esta tarde, cuando escuché por primera vez al Residente rapeando estas tres estrofas, sentí que nadie nunca antes había explicado mejor uno de los modos posibles de cambiar la historia, él que nos ha tocado vivir a nosotros en nuestra patria.
Apenas las escuché pensé en Néstor. Cierto es que su muerte me tiene muy sensible y pienso en él hasta en la sopa. Pero aquí lo pensé porque sentí que René Pérez relataba lo que él hizo para erigirse en el protagonista esencial de este renacimiento de nuestra patria.
“Yo uso al enemigo y nadie me controla”. Cuando lo critican por la guita que juntó, cuando nos refriegan por la cara su imagen junto a Menem, cuando recordamos cómo se subió a la candidatura presidencial de la mano de Duhalde, ¿cómo no verlo en la voz de René, entrando por la salida, explotando desde dentro, subiéndose al centro de la escena para demostrarles al instante que nadie lo controlaba, que no llevó piolines ni fue Chirolita, que cuando el enemigo entendió cómo y cuánto debía odiarlo ya era demasiado tarde y con ese odio lo fortalecerían?
Cada pueblo escribe su historia a su manera y comprenderla requiere entender un conjunto complejo de factores y procesos. Pero por más ciencia política que estudies, por más sociólogo, politólogo, semiólogo, historiador o filósofo que te vuelvas, siempre te faltará una pieza si no comprendes el valor de cada persona y a su vez, si no entiendes que a veces aparecen personas que se salen del molde, que hacen la diferencia, que saben dar su talento y su vida para ser determinantes.
Y así como en algún caso ese rol decisivo lo puede jugar un grupo con su comandante bajando desde la sierra, en otros son liderazgos que surgen de las entrañas mismas del poder, por personas que tienen el don de transitarlo, crecer día a día en él y explotar en el momento oportuno, estallar en el medio del culo del enemigo.
Así fue Néstor, así también Perón y Chávez.
Pero claro, no alcanza con ellos solos, no hay revolución sin único heredero. Por eso está la tercera estrofa que cito, la nuestra, la de los que una vez más hemos sido llamados a quitarnos las prendas y las etiquetas del cuerpo y del alma hasta lograr ser tan descamisados como alguna vez supimos y Eva nos amó.
Sony, tu disco en una mesita de la calle está cinco veces menos. Clarín, ahora sí que en serio te hemos perdido el miedo.

A mi no me cojen yo creo en lo que quiera
Creo en la gente, creo en mi bandera
Creo que los que me señalan con el dedo
Me tienen miedo porque yo no tengo miedo.

Disculpen. Esta estrofa me la había guardado para el final. En mi vida había conocido mejor material de formación política que este disco de Calle 13.