sábado, 4 de abril de 2009

Alfonsín


Osvaldo Bayer, siempre fiel a si mismo, escribió en estos días una nota implacablemente dura con Raúl Alfonsín. Si uno se detuviera en sus razones, sería imposible no darle la razón. Del otro lado, tuvimos que oír el coro de voces hechizadas por el efecto redentor de la muerte.
Nunca lo voté. No aprecié en él mucho más que su condición de animal político indoblegable. Pero no tengo dudas que fue desde su liderazgo que pudimos dar un paso adelante muy importante en nuestra historia.
Algunos se detienen en la “hazaña” de haberle entregado el mando a otro presidente electo. Fue más que la continuidad formal de las instituciones. El juicio a las Juntas, la paz con Chile y la declaración de Iguazú como antecedente necesario del Tratado de Asunción (que dio origen al MERCOSUR) abren el camino a la construcción de un país que deja de ver a sus vecinos como “hipótesis de conflicto” y se anima al desafío de construir junto a ellos un camino de integración y de creciente autonomía política.
Atrás quedaron su sueño de liderar el tercer movimiento histórico, la fallida Ley Mucci, sus acuerdos con los gordos, las claudicaciones del punto final, la obediencia debida y el felices Pascuas, el fracaso de Grinspun y su ulterior sujeción a la lógica del ajuste.
Llevamos casi 26 años de democracia. Hoy, cuando veo las imágenes históricas de Alfonsín enfrentándose a los silbidos “del campo” en la Sociedad Rural, siento que tengo más claro que nunca a qué pasado no debemos volver.

http://www.youtube.com/watch?v=c6rCuq8aKZ0&feature=related (enlace al discurso de Alfonsín en la Rural en agosto de 1988)