Adolfo Güemes. Trajo su nombre a nuestro presente Raúl Zaffaroni en su nota “¿Molesta la Constitución?”, publicada en la revista digital La Tecl@ EÑe.
Aludiendo a quienes abren la puerta a la extranjerización de la tierra, señala que “son los que Perón y Evita llamaban vendepatrias, o los protagonistas del régimen falaz y descreído de que hablaba Yrigoyen, pero en cualquier caso elevados a la enésima potencia. Me causa espanto pensar que algunos que se consideran seguidores de unos u otros ahora voten la escrituración ilimitada del territorio nacional a cambio de algún puentecito u otra obrita pública. ¿Se agotaron los gobernadores que, como aquel Adolfo Güemes, se negó a entregar los recursos naturales de Salta?”
El nombre quedó haciendo ruido en las brumas de mi memoria. Rezongando contra la erudición de Zaffaroni, no tuve más remedio que ponerme a investigar quien fue Adolfo Güemes.
Nieto del general Martín Miguel de Güemes, Adolfo fue un médico y político radical, nacido en Salta el 10 de setiembre de 1873, que ejerció el cargo de gobernador de Salta entre 1922 y 1925.
Luego de recibirse de médico y continuar sus estudios en Francia, Austria, Alemania y Rusia, regresó al país en 1904, fue médico estable en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires y se incorporó a la UCR.
En la década sicuiente regresó a su provincia y tuvo fuerte protagonismo en la lucha por una iniciativa que obtendría la aprobación del presidente Hipólito Yrigoyen: el proyecto de construcción del Ferrocarril de Huaytiquina, pensado para conectar Salta con Antofagasta, que se empezó a construir en 1921. Pensado como una ruta para vincular a Salta con el Pacífico a través de la Puna de Atacama, parte de su trayecto se convirtió en una de nuestras principales atracciones turísticas: el Tren a las Nubes.
En 1922, Adolfo Güemes asumió la gobernación de Salta y más allá de ser recordado por las obras públicas, el impulso brindado a la educación y la salud y su austeridad personal y fiscal, el aspecto más destacado de su gobernación fue la defensa del petróleo frente al avance de la empresa Standard Oil.
En su libro “Mosconi, General del Petróleo”, Raúl Larra cuenta que Mosconi se encontró con el gobernador Adolfo Güemes y este le refirió que los representantes de Sandard Oil , con el auspicio de los senadores Francisco Uriburu y Robustiano Patrón Costas, pretendían que firmara un contrato con supuestas ventajas y regalías para la provincia que no terminaban de convencerlo. “A cada objeción suya, tenían un argumento para convencerlo y la firma era inminente. Pero justo en el instante de rubricarla, Güemes tiró la lapicera:-¡Yo no firmo eso! ¡No firmo! Y diría a sus amigos, como se lo habría de repetir a Mosconi:–En ese momento se me paralizó el brazo y sentí que no debía firmar ese contrato. Yo creo que fue el general Güemes quien me detuvo, evitando la nueva invasión a la Patria por tierras salteñas”.
A nivel nacional, el presidente, Marcelo T. de Alvear, apoyaba a Mosconi e instó al Congreso a aprobar el traspaso de los derechos petroleros a la órbita de la nación y la extensión de las actividades de YPF a las provincias.
Mosconi impulsó una investigación sobre las irregularidades cometidas en las concesiones salteñas y denunció las maniobras de la Standard Oil. En ese contexto, Güemes dispuso la suspensión del otorgamiento de nuevas concesiones, la fiscalización de las ya realizadas y la creación de una reserva de nueve millones de hectáreas, donde sólo podría operar YPF.
El General Enrique Mosconi expresa en su libro “El petróleo del Norte” como dedicatoria: “…Al Doctor Adolfo Güemes, ex gobernador de la provincia de Salta que supo advertir oportunamente las proyecciones que para el futuro económico de la Nación significaban las gestiones de la Standard Oil Có. Relativas a los yacimientos petrolíferos del Norte…”.
Mosconi, general sanmartiniano, agradecía el apoyo del nieto de Martín Miguel de Güemes. Cuando nos dicen que hay que mirar hacia adelante sin prestar atención a la historia, necesitamos entender que las nuevas panaceas que nos ofrecen no son tan nuevas y que la lucha por defender los intereses nacionales no es un capricho anacrónico y viene desde el inicio de nuestra historia.
Al finalizar su mandato, Adolfo Güemes regresó a Buenos Aires para retomar el ejercicio de la medicina, fue designado profesor honorario de la Facultad de Medicina y siguió adelante con su militancia radical.
Su sucesor en la gobernación, el conservador Joaquín Corbalán, dejó sin efecto las disposiciones de Güemes. La Standard Oil continuó sus exploraciones en Tartagal y comenzó a extraer petróleo en 1926. Dos años después de empezar a producir, tenía siete pozos en funcionamiento, acondicionaba otros trece. La oligarquía provincial invocaba el federalismo y se contentaba con las regalías, la tensión con el gobierno de Alvear crecía y el Yrigoyenismo comenzó a levantar la idea de establecer el monopolio del estado nacional sobre los hidrocarburos, que llegó a tener media sanción de la Cámara de Diputados. Pero YPF recién pudo comenzar a operar en Tartagal tras la elección del radical Julio Cornejo como gobernador en 1928. Para 1930, ya tenía 10 pozos y una pequeña refinería, pero el golpe de 1930 limitó nuevamente su crecimiento: los intereses de Standard Oil fueron parte importante de las razones del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.
En las elecciones de 1931, durante la década infame, Adolfo Güemes acompañó como candidato a vicepresidente al candidato presidencial Marcelo T. de Alvear, pero la fórmula fue proscripta y el radicalismo decidió abstenerse.
Acusado de connivencia con algunos intentos revolucionarios radicales, fue arrestado en 1933, llevado a la Isla Martín García y trasladado luego a la Cárcel de Ushuaia, junto con otros dirigentes radicales como Ricardo Rojas, Enrique Mosca, Honorio Pueyrredón y José Luis Cantilo. En 1934 fue designado presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical.
Falleció en la ciudad de Buenos Aires en octubre de 1947 a causa de un infarto, soltero y sin descendencia.
En su testamento donó una chacra que había pertenecido a su abuelo, el general, conocida como “El Carmen de Güemes”, para ser destinada a una escuela-granja.
Meses después de su muerte, el 20 de febrero de 1948, el general Perón dejó inaugurado el Ferrocarril Trasandino del Norte, el proyecto por el que tanto había luchado Adolfo Güemes en su juventud, luego de reimpulsarlo a partir de 1946 modificando el trazado hacia el paso de Socompa.
Otro ejemplo de como nuestros dos grandes movimientos nacionales están unidos por una misma lucha.
Ahora comprendo mejor por qué Raúl Zaffaroni se pregunta si ya no quedan gobernadores como Adolfo Güemes y lo trae a este presente en el que la entrega de la tierra se establece por DNU y nos toca seguir luchando contra la entrega de nuestros recursos naturales.





