sábado, 10 de octubre de 2026

¿QUIÉN FUE ADOLFO GÜEMES?

 


Adolfo Güemes. Trajo su nombre a nuestro presente Raúl Zaffaroni en su nota “¿Molesta la Constitución?”, publicada en la revista digital La Tecl@ EÑe.

Aludiendo a quienes abren la puerta a la extranjerización de la tierra, señala que “son los que Perón y Evita llamaban vendepatrias, o los protagonistas del régimen falaz y descreído de que hablaba Yrigoyen, pero en cualquier caso elevados a la enésima potencia. Me causa espanto pensar que algunos que se consideran seguidores de unos u otros ahora voten la escrituración ilimitada del territorio nacional a cambio de algún puentecito u otra obrita pública. ¿Se agotaron los gobernadores que, como aquel Adolfo Güemes, se negó a entregar los recursos naturales de Salta?” 

El nombre quedó haciendo ruido en las brumas de mi memoria. Rezongando contra la erudición de Zaffaroni, no tuve más remedio que ponerme a investigar quien fue Adolfo Güemes.

Nieto del general Martín Miguel de Güemes, Adolfo fue un médico y político radical, nacido en Salta el 10 de setiembre de 1873, que ejerció el cargo de gobernador de Salta entre 1922 y 1925.

Luego de recibirse de médico y continuar sus estudios en Francia, Austria, Alemania y Rusia, regresó al país en 1904, fue médico estable en el Hospital Rivadavia de Buenos Aires y se incorporó a la UCR. 

En la década sicuiente regresó a su provincia y tuvo fuerte protagonismo en la lucha por una iniciativa que obtendría la aprobación del presidente Hipólito Yrigoyen: el proyecto de construcción del Ferrocarril de Huaytiquina, pensado para conectar Salta con Antofagasta, que se empezó a construir en 1921. Pensado como una ruta para vincular a Salta con el Pacífico a través de la Puna de Atacama, parte de su trayecto se convirtió en una de nuestras principales atracciones turísticas: el Tren a las Nubes.

En 1922, Adolfo Güemes asumió la gobernación de Salta y más allá de ser recordado por las obras públicas, el impulso brindado a la educación y la salud y su austeridad personal y fiscal, el aspecto más destacado de su gobernación fue la defensa del petróleo frente al avance de la empresa Standard Oil.

En su libro “Mosconi, General del Petróleo”, Raúl Larra cuenta que Mosconi se encontró con el gobernador Adolfo Güemes y este le refirió que los representantes de Sandard Oil , con el auspicio de los senadores Francisco Uriburu y Robustiano Patrón Costas, pretendían que firmara un contrato con supuestas ventajas y regalías para la provincia que no terminaban de convencerlo.  “A cada objeción suya, tenían un argumento para convencerlo y la firma era inminente. Pero justo en el instante de rubricarla, Güemes tiró la lapicera:-¡Yo no firmo eso! ¡No firmo! Y diría a sus amigos, como se lo habría de repetir a Mosconi:–En ese momento se me paralizó el brazo y sentí que no debía firmar ese contrato. Yo creo que fue el general Güemes quien me detuvo, evitando la nueva invasión a la Patria por tierras salteñas”.

A nivel nacional, el presidente, Marcelo T. de Alvear, apoyaba a Mosconi e instó al Congreso a aprobar el traspaso de los derechos petroleros a la órbita de la nación y la extensión de las actividades de YPF a las provincias.

Mosconi impulsó una investigación sobre las irregularidades cometidas en las concesiones salteñas y denunció las maniobras de la Standard Oil. En ese contexto, Güemes dispuso la suspensión del otorgamiento de nuevas concesiones, la fiscalización de las ya realizadas y la creación de una reserva de nueve millones de hectáreas, donde sólo podría operar YPF.  

El General Enrique Mosconi expresa en  su libro “El petróleo del Norte” como dedicatoria: “…Al Doctor Adolfo Güemes, ex gobernador de la provincia de Salta que supo advertir oportunamente las proyecciones que para el futuro económico de la Nación significaban las gestiones de la Standard Oil Có. Relativas a los yacimientos petrolíferos del Norte…”. 

Mosconi, general sanmartiniano, agradecía el apoyo del nieto de Martín Miguel de Güemes. Cuando nos dicen que hay que mirar hacia adelante sin prestar atención a la historia, necesitamos entender que las nuevas panaceas que nos ofrecen no son tan nuevas y que la lucha por defender los intereses nacionales no es un capricho anacrónico y viene desde el inicio de nuestra historia. 

Al finalizar su mandato, Adolfo Güemes  regresó a Buenos Aires para retomar el ejercicio de la medicina, fue designado profesor honorario de la Facultad de Medicina y siguió adelante con su militancia radical.

Su sucesor en la gobernación, el conservador Joaquín Corbalán, dejó sin efecto las disposiciones de Güemes. La Standard Oil continuó sus exploraciones en Tartagal y comenzó a extraer petróleo en 1926. Dos años después de empezar a producir, tenía siete pozos en funcionamiento, acondicionaba otros trece. La oligarquía provincial invocaba el federalismo y se contentaba con las regalías, la tensión con el gobierno de Alvear crecía y el Yrigoyenismo comenzó a levantar la idea de establecer el monopolio del estado nacional sobre los hidrocarburos, que llegó a tener media sanción de la Cámara de Diputados. Pero YPF recién pudo comenzar a operar en Tartagal tras la elección del radical Julio Cornejo como gobernador en 1928. Para 1930, ya tenía 10 pozos y una pequeña refinería, pero el golpe de 1930 limitó nuevamente su crecimiento: los intereses de Standard Oil fueron parte importante de las razones del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen.

En las elecciones de 1931, durante la década infame, Adolfo Güemes acompañó como candidato a vicepresidente al candidato presidencial Marcelo T. de Alvear, pero la fórmula fue proscripta y el radicalismo decidió abstenerse.

Acusado de connivencia con algunos intentos revolucionarios radicales, fue arrestado en 1933, llevado a la Isla Martín García y trasladado luego a la Cárcel de Ushuaia, junto con otros dirigentes radicales como Ricardo Rojas, Enrique Mosca, Honorio Pueyrredón y José Luis Cantilo. En 1934 fue designado presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical.

Falleció en la ciudad de Buenos Aires en octubre de 1947 a causa de un infarto, soltero y sin descendencia.

En su testamento donó una chacra que había pertenecido a su abuelo, el general, conocida como “El Carmen de Güemes”, para ser destinada a  una escuela-granja. 

Meses después  de su muerte, el 20 de febrero de 1948, el general Perón dejó inaugurado el Ferrocarril Trasandino del Norte, el proyecto por el que tanto había luchado Adolfo Güemes en su juventud, luego de reimpulsarlo a partir de 1946 modificando el trazado hacia el paso de Socompa.

Otro ejemplo de como nuestros dos grandes movimientos nacionales están  unidos por una misma lucha.

Ahora comprendo mejor por qué Raúl Zaffaroni se pregunta si ya no quedan gobernadores como Adolfo Güemes y lo trae a este presente en el que la entrega de la tierra se establece por DNU y nos toca seguir luchando contra la entrega de nuestros recursos naturales.

martes, 20 de mayo de 2025

LO VIEJO, LO NUEVO Y EL HÉROE COLECTIVO



“El Eternauta comenzó siendo un cuento corto, de apenas 70 cuadros. Luego se transformó en una larga historia, una suerte de adaptación del tema de Robinson Crusoe. Me fascinaba la idea de una familia que quedaba sola en el mundo, rodeada de muerte y de un enemigo ignorado e inalcanzable. Pensé en mí mismo, en mi familia, aislados en nuestro chalet y comencé a plantearme preguntas”. El origen era esa familia que queda sola en el mundo, pero el camino que elige Héctor Germán Oesterheld para enfrentar a ese enemigo no es él de un náufrago solitario. "El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, solo". El Eternauta fue publicada entre 1957 a 1959 en Hora Cero Semanal, publicación de la editorial Frontera, fundada por el propio Oesterheld. Inmediatamente antes, entre 1953 y 1957, habían nacido las cuatro hijas de Héctor y Elsa: Diana, Beatriz, Estela y Marina. Hoy, cuando El Eternauta es puesta en el centro de la escena por una serie admirable, millones de personas caen en cuenta de una verdad que la mayoria de las personas ignoraba: Héctor Oesterheld, sus cuatro hijas, tres yernos y dos criaturas que quizá nacieron en cautiverio, fueron desaparecidas. Aunque se comportaron como fuerza de ocupación, no eran extraterrestres, sino una dictadura heredera de los bombardeos del 55, los fusilamientos de José León Suárez, la proscripción del peronismo y la supresión de las libertades democráticas. Sólo sobrevivieron a la dictadura Elsa Sánchez, mujer de Héctor, y su nieto Fernando Araldi Oesterheld, que tenía un año cuando su mamá fue secuestrada y desaparecida, fue llevado a la Casa Cuna y luego recuperado por sus abuelos paternos. ¿Qué hizo la dictadura con el geólogo que devino escritor, guionista de historietas y militante peronista? "Su estado era terrible. Permanecimos juntos mucho tiempo. [...] Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del '77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso", contó Eduardo Arias, quien compartió cautiverio con él. En realidad, Héctor aún no había cumplido 58 años (casualmente, la edad de Ricardo Darín, que hoy es Juan Salvo en la serie). Elsa, su mujer, dijo sin medias tintas su verdad sobre lo vivido: "La bronca se me mezclaba con el dolor, porque yo no podía entender que el hombre con el que habíamos sido tan felices, el escritor pacifista y democrático que había plasmado su amor al prójimo en todas sus obras, hubiera tomado partido por algo violento. Porque aunque él no lo fuera, era cómplice de los que lo hacían y ponía en riesgo a sus hijas. Héctor miraba a los jóvenes que querían un mundo mejor y exclamaba: 'Estos chicos son maravillosos'. Y yo le contestaba: 'Hasta ahí vamos bien, pero no podemos dejar que se expongan'. Si me hubiera escuchado". En 1976, Elsa le escribió una carta a su hija Diana, una de las hijas embarazadas. Decía: "Hijita mía querida, en medio de todo este horror, de este infierno, acabo de recibir tu carta. No puedo decirte lo que esto ha sido para mí, tratá de imaginar la necesidad ya delirante que tengo de estar con alguna de ustedes, de hablar, de consolarnos, y de querernos más que nunca, de unirnos, de protegernos. (...) A fuerza de vivir en la ficción, en nuestra casa se gestó la novela de ciencia ficción más terrible que jamás cerebro alguno pudo crear: la destrucción y degradación de toda una familia en forma sistemática”. El 14 de diciembre de 1977 dos uniformados tocaron el timbre de su casa y le entregaron a Martín, su nieto de tres años. Lo habían secuestrado después de matar a quemarropa a su madre, Estela Oesterheld, y a su padre, Raúl Mórtola. "Le trajimos al nene, que estuvo con el abuelo". Martín afirma que lo llevaron con el abuelo para preguntarle con quién podían dejarlo. "Si no hubiera sido por mi nieto Martín, al que yo crié cuando lo devolvieron, no hubiera seguido viviendo". Siguió y no dejó de luchar. “Mi nombre es Elsa Sánchez de Oesterheld y soy la mujer de Héctor Germán Oesterheld, famoso en el mundo por haber escrito la historieta El Eternauta. En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”, diría años después. "Yo soy una persona que juré que no me iban a aplastar. Y que iba a recuperar lo que me habían sacado. Mi lucha es para que mis nietos sepan la verdad, por eso yo no hablo de restitución sino de derecho a la identidad”. Elsa murió en 2015 sin lograr esa verdad. Sin embargo, la obra cumbre de Héctor, rescatada por una serie producida por una plataforma de video bajo demanda en momentos en que Argentina es gobernada por un presidente que invoca las fuerzas del cielo y reivindica la dictadura que desapareció a su familia, se convirtió en suceso mundial y al calor de su impacto, la lucha militante por la verdad y la identidad cobra nuevas fuerzas y la propia publicidad institucional de la serie es intervenida con los rostros de Héctor y sus hijas. El Eternauta hoy La serie ha trascendido la dimensión de fenómeno artístico y cultural para erigirse en una referencia crítica del modelo que hoy padecemos que excede los límites impuestos por el fracaso del anterior gobierno y las limitaciones y conflictos de las representaciones políticas y sociales. Es obvio que disfrutar de la historia no implica necesariamente que todas las personas asuman y proyecten sobre el presente las metáforas que en su momento alumbró la pluma de Oersterheld y que los guionistas han traido con maestría a nuestros días. Decía Ricardo Darín que una de sus aspiraciones principales es que la vean los jóvenes. Eso parece estar sucediendo y asi lo he podido confirmar con mis hijos y sus amigas y amigos. Si en otros casos les insistimos que miren u oigan algunas obras o artistas y los perseguimos con información de contexto, en este ven la serie por si mismos y las preguntas sobre lo sucedido vienen solas. Vuelvo sobre la decisión de traer la historia al presente. Que Juan Salvo sea un ex combatiente o que exista un personaje como el de Inga, una piba que con su novio hace delivery en bici, fortalece el enraizamiento con el presente que padecemos y permite conecta con muchísimas personas a quienes las representaciones políticas y sociales no supieron hablarles. Pero hay otra apuesta de la serie que es revulsiva y despierta complicidad del público: cuando la tecnología entra en crisis, lo viejo sirve. Sirven tocadiscos y megáfonos, sirven estancieras, Renault 12 y antiguos colectivos Mercedes, sirven las ametralladoras conque lucharon los soldados de Malvinas, sirven los viejos equipos radiotransmisores. ¿Entenderemos que sirven también, entonces? esas viejas y viejos que aquí son gaseados y golpeados cada miércoles? El Eternauta es una historia que supimos mantener en pie de boca en boca evitando por décadas que sucumba al silencio y el olvido. Así, hasta su encuentro con ese grupo de personas que con talento la convirtieron en serie e hicieron que las criaturas que imaginó Oesterheld y dibujó Solano López llegaran a millones de hogares en todo el mundo. Releer la historieta En estos días, después de ver tres veces la serie, releo El Eternauta. "Me sentí más pequeño que nunca. ¿Qué podríamos hacer nosotros contra semejante adversario?" se dice en la historieta Juan Salvo en lo alto de una tribuna de River luego de la batalla contra los cascarudos. "Roberto Mosca, el historiador, continuaba imperturbable con su trabajo. ¿Para que se empeñará tanto si con seguridad no habrá nadie en el futuro en condiciones de leer su historia?" Siguió adelante, pese al escepticismo de esas palabras. Luchar sirvió y escribir lo sucedido fue imprescindible para mantener viva la memoria. Hoy, cuando el peronismo y otras expresiones populares se debaten entre los internismos y el desconcierto, no será una serie la que supla o supere esas carencias. Pero quizá pueda darnos algunas buenas pistas para lo que viene. Que sepamos concentrarnos en hacer bien lo que depende de nosotros, fortalecer nuestros grupos de pertenencia reconciliándolos con la razón que les dio origen y valorar los escasos recursos que podamos disponer sacándoles el mejor provecho es parte del desafío. Necesitamos escuchar, comprender , articular lo diverso en torno a lo que nos une y fortalecer el compromiso solidario. No necesitamos liderazgos infalibles ni voces providenciales. El hombre o la mujer común que somos: allí encontraremos la fuerza para sobreponernos a esta pesadilla trágica.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

TRES EXILIOS



San Martín, Rosas y Perón. 
Revisamos su historia, releemos sus cartas, procuramos comprender y valorar el verdadero sentido de sus exilios y renunciamientos. Sin embargo, más de una vez nos toca escuchar, incluso en voces compañeras, como reproche o crítica, que no tuvieron el coraje de quedarse y seguir. Lo triste es que se trata de una prédica instalada por sus perseguidores. Quien afirma eso dice, a su manera y respecto a los tres pilares de nuestra identidad histórica, lo que Lanusse dijo de Perón: que no les dio el cuero.
En apenas 12 años, San Martín construyó un ejército desde la gobernación de Mendoza y, padeciendo la desconfianza y el hostigamiento porteños, lo puso en marcha para atravesar los Andes y liberar medio continente.
Juan Manuel de Rosas enfrentó y derrotó el bloqueo de las dos principales potencias navales de su tiempo.
Juan Domingo Perón consagró el protagonismo de la clase trabajadora y alumbró el movimiento de masas más relevante de nuestra historia.
¿Desde qué lugar podríamos atrevernos a reprocharles sus exilios, haciendo propio uno de los argumentos de quienes quisieron desterrarlos de nuestra historia?
 
Los unitarios no tuvieron más remedio que incorporar la lucha emancipadora de San Martín al relato oficial de la historia. Pero para ellos el Libertador siempre fue un problema y  quisieron librarse de él en más de una ocasión. Lo llamaban “cholo”, “tape” o “indio”. No existe certeza que Rosa Guarú, la niñera que lo crió, haya sido su madre, pero él se burlaba de las pretensiones de linaje y se sentía hermano de los pueblos hijos de esta tierra. Conocemos desde la infancia la gesta que protagonizó. Pero quizá valga la pena poner énfasis en algo que no solía estar presente en nuestros libros escolares: el hostigamiento a que fue sometido por la elite unitaria, expresada principalmente en las figuras de Carlos María Alvear y Bernardino Rivadavia.
 
Si los actos de las personas no son suficientes para definir su identidad, sus enemigos suelen servir para despejar lecturas erróneas. En Europa, José de San Martín peleó contra los franceses y a favor de la Junta de Sevilla, que planteaba una revolución democrática en España. Cuando vino a América fue coherente con esa lucha y enfrentó la restauración absolutista.
El San Martín que nos relata Mitre es un militar talentoso y recto que libera naciones vecinas sin visión continental, carece de capacidad política y no tiene otra relación con los pueblos originarios que utilizarlos circunstancialmente con picardía. Un siglo después, con el mero hallazgo del Plan Maitland, Rodolfo Terragno pretendió convencernos de que fue un agente inglés. Pero su enfrentamiento con Alvear y con Rivadavia desmiente a ambos y expresa el antagonismo de dos proyectos: uno es unitario y dictatorial, con un aperturismo económico pensado desde el puerto y que rápidamente devendría probritánico. El otro pensó en crecer hacia adentro y unir a Sudamérica.
 
Escribía San Martín a Rosas en 1838: 
“Separado voluntariamente de todo mando público el año 1823 y retirado en mi chacra de Mendoza, siguiendo por inclinación una vida retirada, creía que este sistema y más que todo, mi vida pública en el espacio de diez años, me pondrían a cubierto con mis compatriotas de toda idea de ambición a ninguna especie de mando; me equivoqué en mi cálculo –a dos meses de mi llegada a Mendoza, el gobierno que, en aquella época, mandaba en Buenos Aires, no sólo me formó un bloqueo de espías, entre ellos uno de  mis sirvientes, sino que me hizo una guerra poco noble en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de hacerme sospechoso a los demás gobiernos de las provincias; por otra parte, los de la oposición, hombres a quienes en general no conocía ni aun de vista, hacían circular la absurda idea que mi regreso del Perú no tenía otro objeto que el de derribar a la administración  de Buenos Aires, y para corroborar esta idea mostraban (con una imprudencia poco común) cartas que ellos suponían les escribía. Lo que dejo expuesto me hizo conocer que mi posición era falsa y que, por desgracia mía, yo había figurado demasiado en la guerra de la independencia, para esperar gozar en  mi patria, por entonces, la tranquilidad que tanto apetecía. En estas circunstancia, resolví venir a Europa, esperando que mi  país ofreciese garantía de orden para regresar a él; la época la creí oportuna en el año 29: a mi llegada a Buenos Aires me encontré con la guerra civil; preferí un  nuevo ostracismo a tomar ninguna parte de sus disensiones, pero siempre con la esperanza de morir en su seno.
Desde aquella época, seis años de males no interrumpidos han deteriorado mi constitución, pero no mi moral ni los deseos de ser útil a nuestra patria; me explicaré:
He visto por los papeles públicos de ésta, el bloqueo que el gobierno francés ha establecido contra nuestro país; ignoro los resultados de esta medida; si son los de la guerra, yo sé lo que mi deber me impone como americano; pero en mis circunstancias y la de que no se fuese a creer que me supongo un hombre necesario, hace, por un exceso de delicadeza que usted sabrá valorar, me pondré en marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine. Concluida la guerra, me retiraré a un rincón  -esto es si mi país me ofrece seguridad y orden; de lo contrario, regresaré a Europa con el sentimiento de no poder dejar mis huesos en la patria que me vio nacer.
He aquí, general, el objeto de esta carta. En cualquier de los dos casos -es decir, que mis servicios sean o no aceptados-, yo tendré siempre una completa satisfacción en que usted me crea sinceramente su apasionado servidor y compatriota, que besa su mano, José de San Martín".
 
Con su salud maltrecha, le ofrecía a Juan Manuel de Rosas ponerse a sus órdenes para luchar contra el bloqueo. San Martín sufría la distancia y su alma vivió siempre pendiente de lo que sucedía en nuestra tierra. No sabía Rosas al leer esa carta que a él  le tocaría vivir una situación similar catorce años después.
Derrotado en Caseros, Rosas tomó el camino del exilio. No pasó demasiado tiempo para que Urquiza le expresara su arrepentimiento y Alberdi reconociera que “Rosas y la República Argentina son dos entidades que se suponen mutuamente”. Pero lo cierto es que los vencedores de Caseros lo habían declarado por ley “traidor a la patria” y la Constitución que nos rige contiene aún disposiciones expresamente dedicadas a él. Por eso, antes de apresurarse a juzgar su exilio, conviene conocer la dignidad con que lo vivió:
 “Mi economía en los doce años corridos ha continuado siempre tan severa como parece imposible al que no ha estado cerca de mí. No fumo, no tomo rapé, ni vino ni licor alguno, no asisto a comidas, no hago visitas ni las recibo, no paseo ni asisto al teatro ni a diversiones de clase alguna. Mi ropa es la de un hombre común. Mis manos y mi cara están bien quemadas y bien acreditan cuál y cómo es mi trabajo diario incesante, para en algo ayudarme. Mi comida es un pedazo de carne asada y mi mate. Nada más”.
 
¿Huyó Juan Domingo Perón en 1955? Eso manifestó el general Pedro Eugenio Aramburu en un reportaje que le hicieron en 1956: que Perón se comportó como un cobarde. Otra vez vemos como quienes se pretenden revolucionarios repiten argumentos acuñados por el discurso unitario y dictatorial. La respuesta de Perón no se hizo esperar, desde una misiva escrita en Panamá el 5 de marzo de 1956:
“He leído en un reportaje, que Ud. se ha permitido decir que soy un cobarde, porque ordené la suspensión de la lucha en la que tenía todas las probabilidades de vencer. Usted no podrá comprender jamás cuánto carácter y cuánto valor hay que tener para producir gestos semejantes.
Para usted, hacer matar a los demás, en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones, es una acción distinguida de valor.
Para mí, el valor no consiste, ni consistirá nunca, en hacer matar a los otros. Esa idea sólo puede pertenecer a los egoístas y a los ignorantes como usted. Tampoco el valor está en hacer asesinar obreros inocentes o indefensos, como lo han hecho ustedes en Buenos Aires, Rosario, Avellaneda, Berisso, etc. Esa clase de valor pertenece a los asesinos y a los bandidos cuando cuentan con la impunidad. No es valor atropellar a los hombres humildes argentinos, vejando mujeres y humillando ancianos, escudados en una banda de asaltantes y sicarios asalariados, detrás de lacual ustedes esconden su propio miedo…”
 
No sorprende que Aramburu no comprendiera el sentido que Perón daba al valor y al renunciamiento. Es preocupante que no lo comprendan quienes pretenden ser continuadores de las luchas de nuestro pueblo. Flaco favor le hacemos a quienes las expresan y lideran en el presente si no entendemos el legado de San Martín, Rosas y Perón. Seamos capaces de imbuirnos no sólo del coraje, sino de la inteligencia y el profundo humanismo que guió sus decisiones más trascendentes, porque sólo así podremos afrontar los desafíos de este presente tan duro.

domingo, 16 de junio de 2024

SQUALL


Poco después de las cuatro de aquella tarde de enero de 2008, una borrasca agitó las aguas de Mogotes.

No hubieron nubes ni fuertes vientos, mucho menos lluvia.

El agua comenzó a removerse distinto, como si algo hubiera sucedido en cualquier otra parte, un temblor en las entrañas del mundo, la pirueta invisible de una gigantesca ballena blanca.

En el sobresalto, sin entender del todo qué sucedía, trepándonos a la cresta de las olas embravecidas, fuimos saliendo hacia la orilla, huyendo de la amenaza del último instante de nuestras vidas.

Sin embargo, Marian y Hagen no pudieron. Allí estaban las tres, porque también se mecia la Yansi, en su propio océano, dentro de la panza de Marian.

No tenían bolsillos para poemas de Keats ni  tragedias de Sófocles,  pero puede que, después de tantas pérdidas,  Marian se haya dicho "no, ahora no", para mantenerse a flote, no dejar que la rosca gobernara su respiración y darse aliento con Hagen mientras esperaban que el mundo se serenara o alguien pudiera ayudarlas.

Luego, en cinco minutos, casi el tiempo que a dos bañeros les tomó rescatarlas, todo volvió a estar como antes, como si no hubiese sido más que un hipo, un sobresalto en  el viaje del planeta por el universo.

A los bañeros les regalamos medialunas y churros. La Yansi siguió meciéndose en su mar y ese verano, Marian y Hagen no volvieron a internarse más allá de la primera rompiente.

Pasaron los días y un 26 de junio la Yansi nació. Desde entonces, no hubo en su vida un sólo verano sin mar.

"¿Quê lees?", me pregunta.

"Un poema, squall".

"¿Squall? ¿Qué significa?".

Le muestro la pantalla del celu y lee:

"Borrasca, tormenta de mar".

domingo, 2 de junio de 2024

EL PRÓXIMO POEMA



El próximo poema que escriba

tendrá una mujer sentada en una silla

en la vereda de una plaza casi vacía

detrás de sus caballetes, su tabla y sus prendas,

con  una pareja de pibes que se ratearon
 

besándose a sus espaldas al costado de la canchita del Obrero

tres minutos antes que me vendiera

los jeans azules que ahora llevo puestos 

sentado en la cocina frente a la tele apagada

en la mañana de domingo lluviosa y fría

mientras  escribo estas líneas  y deja de ser

el próximo poema que escriba.

martes, 9 de enero de 2024

UN NIÑO EN EL GTA



 Enfundada en un traje elegante, la mujer baja de su auto y el niño hace que Franklin acelere con el suyo para atropellarla. El cuerpo de la mujer queda tirado sobre el asfalto con una pequeña huella de sangre. Franklin conduce en reversa y vuelve a pisarla. La sangre ya es un charco. Se aleja del lugar y luego de unos pocos metros intercepta otro vehículo, también conducido por una mujer. El hombre, enfundado en un ambo gris, baja del auto y ataca a la mujer arrancándola de su habitáculo. La víctima queda tirada en el asfalto y el niño decide que el hombre le robe el auto y se marche a toda velocidad.

Estoy parado detrás de un niño de  seis años que, sentado en el sillón grande de la sala,  maneja el  joystick con gesto impersonal. Su padre lo mira desde el otro sillón y todos seguimos el derrotero de Franklin, un pandillero treintañero  que se gana la vida como embargador de coches y también suele dedicarse a realizar algunos atracos  junto con Michael y Trevor, también protagonistas de esta edición de GTA.
En la pantalla, Franklin sigue adelante con sus andanzas y en un suspiro el niño logra que suba a una terraza desde la cual controla con ojos de vigia.
Algo se mueve allá abajo, en una ruta desierta.
-Una liebre- dice el niño- La mato.
-¡La liebre no!- digo, luego de haberlo visto en silencio deshacerse de varias personas.
Franklin dispara y la presunta liebre cae fulminada.
Franklin sigue su marcha. Se apropia de otro auto luego de golpear a otra mujer, choca en una bocacalle, vuelve a correr y el paisaje cambia. En unos instantes lo tenemos en lo alto de una barranca verde que me recuerda a las de Mar del Plata, aunque esta edición del juego transcurre en una ciudad imaginaria de la Costa Oeste de Estados Unidos.
El niño no parece encontrar aquí personas o animales a quienes dispararles. Franklin sigue trepando hasta llegar a una especie de cumbre que tal vez sea el lugar más alto de ese paisaje en HD.
-Bajá con cuidado, no te apurés- dice el padre.
Franklin desciende un par de metros y se queda mirando hacia el vacío.
-Mejor me mato- dice el niño.
Franklin salta hacia adelante y se estrella sobre el asfalto de la ruta que recorre la base de la barranca.
"MUERTO", dice un cartel rojo y la silueta de Franklin sobre la ruta se pierde en  la pantalla que se difumina en gris.
El niño se cansó de jugar. Se queda sentado en el sillón con el joystick entre las manos, mirando a ninguna parte. De pie a su alrededor, no atinamos a movernos, como si fueramos personajes del juego congelados en ese final.

lunes, 1 de enero de 2024

LEONA

-¿Otro tatuaje?

- Sí. Una leona...

-¿Un león?

-No, una leona.

-¿Y el que se hizo antes, qué era?

- No sé cómo explicarte...Es más abstracto.

-Una mierda, querés decir...

-No, es lindo.

-Y bue.... Entonces no te hagas drama por el león.

-No, es demasiado, es muy chica. La leona es más grande y no está bueno que tatuarse se le haga un hábito.

-¿Una cabeza de León con la melena?

-¡Una leona! ¿No entendes la diferencia?

-Vos tenés la culpa.

-¿Qué culpa?

-Le dejas hacer lo que quiera. ¡Vos le pagaste el tatuaje anterior!

-Sí es por pagar, vos nunca vas a tener la culpa...

-Vos no sabés decir que no.

-Ya le dije que no.

-Y para qué me jodés.. 

- No te jodo. Es tu hija también y no es una cuestión de culpa.

-¿No?

-No, tiene 16 años y son cosas de su edad que no sabemos cómo manejar.

-Bueno  pensemos.

-Qué querés pensar.

-¿Por qué se quiere tatuar?

-Para verse distinta, para definir su identidad, porque se tatúan casi todas.. 

- Hace 20 años,  si te tatuabas, era heavy,,  no conseguías laburo por tumbero, pero ahora...

- Ahora lo distinto es no tatuarse...

-¡Claro! ¡Hay que decírselo! ¡Mandale un whatsapp!!!

-Me jodés...

-¿Por qué?

-¿Vos pensás que va a cambiar de idea por un mensajito?

-Bueno, decile...

-Sí, hablo siempre con ella...

-A mi no me da bola.

- Vos no le das bola ni le dedicas tiempo.

-No empecemos...

-Sí, mejor no. Ya le voy a hablar. Y está vez voy a sostener el NO.

-¡No es No!

- ¡Qué gracioso! Igual va a ser NO porque el tatuaje que se quiere hacer vale  50 lucas y no se los pienso dar.

-¡Hubieras empezado por ahí! 


....... 


-¡Hola mami!

- Hola. ¡ Qué contenta que estás!

- SI. Contenta y sorprendida.

-¿Por qué?

-Por papi. ¿Vos hablaste algo con él?

-No...¿qué pasó?

-Mirá -dijo mostrándole el antebrazo- ¡Mi leona! ¿No es lindo? Papá me acompañó y me lo pagó.  Dijo que quería ver como era el lugar donde me lo hacían. 

-¿En serio?

-¡Sí! Y él también se hizo uno. ¡Gracias ma!

Se le colgó del cuello antes que pudiera decir algo de su enojo y la vio tan feliz que sólo sonrió.  

Media hora después le llegó el mensaje del padre pidiéndole pagar el tatuaje a medias. "Si querés lo descuento de los alimentos".

"¿También querés que ponga plata para el tuyo?", respondió ella y apagó el teléfono. 

-¿Pasa algo, mami?

-No, linda, no pasa nada. Está genial tu leona.  ¿Te duele?

-Muy poco.

-Bueno, descansá un poco. ¿Querés que te prepare algo para comer?