sábado, 21 de febrero de 2009

El niño de Machagai

Hizo bailar a mis viejos en los 40. El me hablaba de su talento sin igual, ella de la magia que transmitía posado sobre la guitarra desde la gracia de sus pies y la delgadez ceñida en su saco blanco. Pero cuando supe que había nacido en Machagai, se me dio por preguntarme en que momento, en que rincón, en que suspiro de esas calles polvorientas se fue forjando el talento de ese hombre que desde su guitarra hacia respirar la armonía del mundo. ¿Cómo se conocieron, cómo se enamoraron, su padre, guitarrista uruguayo de origen español, su madre, toba nativa y pianista? Algunos hablarán del destino al recordar que al niño lustrabotas de Saenz Peña alguien le acercó un cavaquinho de cuatro cuerdas desde el que iniciaría su destreza de instrumentista. Pero no hay ningún destino. Sólo el niño hijo de la pianista toba y el guitarrista uruguayo que no para de buscar su alma en la música. El niño de Machagai.
Su intuición cautivaría a Josephine Baker, a Duke Ellington y a Louis Amstrong. ¿Qué otro músico puede decir que junto a su guitarra tocaron el violín Elvino Vardaro y Hernán Oliva?
A cien años de su nacimiento, tiene su homenaje en su propia tierra. Allí donde dio sus primeros pasos, hace oír su voz su nieta Jorgelina. En alguna de sus biografías se lee que “armonizaba con tanta perfección que producía la admiración de los colegas de renombre”. Ella canta y alguien quizá se permite pensar que en el silencio de las siestas, en algún rincón de Machagai puede oírse aun al guitarrista uruguayo, a la mujer toba del piano y el repiqueteo de los pies de aquel niño de seis años que dibujaban con destreza un malambo.



YouTube - Oscar Aleman: "Melancolía - Oscar Alemán y su Quinteto de Jazz"

domingo, 15 de febrero de 2009


La carta que sigue fue escrita por Antonio Domingo García al saber que iba a ser padre de la que sería su primera hija, Juliana. Cuando mataron a su padre y desaparecieron a su madre embarazada, Juliana tenía tres años. Durante 32 años buscó a su hermana, la nieta recuperada 97, con la fuerza de las palabras que su padre le dejó en el alma. Vale la pena leerla, no sólo para entender a Antonio y a Juliana, sino para reflexionar acerca de lo distantes que en más de una ocasión hemos transitado por la política de ese sentido conque Antonio vivía su militancia y su identidad peronista y valorar la importancia y el compromiso que nos demanda este nuevo camino que hemos comenzado a transitar en nuestra tierra.


23/V/1973

Querida Juliana, o querido Ezequiel:

Hace unos pocos días que sabemos, mamá (¡qué lindo que suena mamá!) y yo de tu existencia, de que estás entre nosotros. Sos muy poca cosa; tan poca, que todavía ni tenés cerebro. Sin embargo, no te imaginás todo el bien que nos traés, todo lo que ya te queremos. Hoy estoy en una jornada con chicos y chicas de 3º comercial del Pío XII. Uno de los pocos momentos tranquilos que hay, y por eso estoy escribiendo. Un poco para pensar mientras corre la lapicera. Quiero contarte un poco de tus padres. De cómo somos, qué sentimos.

Beatriz y yo somos bastante despelotados. Vivimos a las corridas, viéndonos poco, o al menos no todo lo que quisiéramos; no porque andemos detrás del coche o del departamento, como andan casi todos. Sino simplemente, o grandemente, porque pensamos que nuestra vida para adentro no sirve. Que si vivimos, vivimos para los demás, para el hermano. Pese al egoísmo que tenemos adentro y que nos jode y no nos deja ser todo lo entregados que quisiéramos. En esa vida hacia fuera se conjuga todo nuestro ideal, aquello por lo que nos sentimos mutuamente atraídos, y que hizo que comenzáramos a caminar juntos. Ese amor hacia el otro, un amor-teórico en un principio, cuando los dos lo canalizábamos dentro de la Iglesia se fue transformando en algo más concreto: el amor al otro hoy y aquí pasa por al amor político, por el compromiso con el pueblo, con el explotado, con el pobrerío, con esos millones de hombres que sufren por un mundo mejor aquí, en la Argentina y en esta querida América latina, la Patria Grande. Ese amor concreto al pueblo se hace real en el peronismo, que abrazamos al principio con muchas dudas, y del que ahora, por suerte, es imposible salir, porque es parte de nosotros.

Ese compromiso justifica las corridas, los afanes, el trabajo de cada día o los días gloriosos como el 17 de noviembre del ’72 o este 25 de mayo que se avecina. Ese compromiso es, o quiere ser total, de cada cosa de nuestra existencia, desde compartir el tiempo o la guita, hasta estar dispuestos a dar la vida así, bien en concreto, por esa Patria nueva, la Patria Justa, libre, soberana: socialista. Esa patria para todos.

Esas cosas son nuestra vida hasta ahora; una vida en el fondo feliz pese, repito, a todas las jodas. A la rutina, principalmente.

Y en ese momento hasta ahora de los dos, aparecés vos, hijo, o hija, en el momento justo (y pienso en el significado de Ezequiel: enviado por Dios, con todo lo simbólico que contiene). Nuestra vida quiere abrirse, decía. Si queda entre los dos se agota, se marchita. Sin la apertura de esa vida éramos algo incompleto. En lo profundo, éramos dos que enfrentábamos las cosas. Ahora somos TRES (no más, ¿no es cierto?). Nuestro amor se abre, florece, da frutos.

Te das cuenta, querido/a, todo lo que significás, toda la inmensa alegría que nos venís a traer. No es casual que a partir de vos tu mamá y yo nos sentimos mucho mejor, plenificados. Sé que no van a faltar dificultades. Que el hombre viejo, egoísta, no desaparece así nomás en un tipo jodido como yo. Que muchas veces vamos a extrañar la comodidad del ser-dos. Pero pese a todo eso sos muy bienvenido/a. Sos aquello que nos hizo llorar juntos a mares, muy abrazados, cuando tomamos conciencia de que estabas. Aquello que nos hace brillar los ojos, o besarnos sin sentido. Aquello, en fin, que nos hace salir la dicha por la lapicera, porque adentro ya no hay más lugar.

Gracias por venir, hijo/a. Gracias a Dios que te envía. Que nosotros no te fallemos. Que podamos cumplir con lo que debe ser: ayudarte para que seas PERSONA, HOMBRE-PARA-LOS-DEMAS. Que nunca tengas que avergonzarte de nosotros. Que no te defraudemos. Que sigamos hasta el fin.

Con todo el orgullo y el amor que rebosa en este momento, tu padre. Antonio

viernes, 6 de febrero de 2009

SI ESCRIBE GALASSO, SE ENTIENDE MEJOR


A los que nos gusta escribir nos suele pasar que cuanto más entusiasmo ponemos en clarificar una cuestión, más la oscurecemos. Pero hay otras veces en que las palabras fluyen para dejar las cosas irremediablemente en claro. Como cuando escribe Galasso.

Los aliados posibles y el enemigo principal

Por Norberto Galasso *

Días atrás, se publicaron en este diario notas de opinión de Hugo Barcia y Alcira Argumedo referidas a declaraciones de Pino Solanas donde responsabilizaba por la mortalidad infantil no sólo al Gobierno, sino también a “cómplices, mentores intelectuales, etc.”, entre los cuales se hallaría el grupo Carta Abierta. Alcira no refutó las apreciaciones correctas de Barcia sobre la mortalidad infantil, sino que fundamentó el furibundo antikirchnerismo de Proyecto Sur en siete puntos, entre los cuales los puntos 2, 3, 4 y 6 corresponden a uno solo: la política del Gobierno respecto a los recursos naturales; el punto 1 se refiere al Tren Bala, proyecto que puede considerarse frustrado, el 4 al blanqueo de capitales y el 7 a la prórroga de las licencias a los medios de comunicación. Además, ratificó las críticas de Pino a Carta Abierta. Estas posiciones no son nuevas en Proyecto Sur: en La Nación, Pino ha señalado que “Kirchner es un traidor a la patria e hipotecó el futuro” (29/9/2007), en Perfil sostuvo que “Kirchner continúa a Menem” (20/5/2007) y últimamente calificó a este gobierno de “antinacional y antipopular”. Si esto lo pregonasen Altamira, Ripoll o Alderete, no escribiría estas líneas pues la izquierda abstracta, liberal o antinacional, como se la quiera llamar, se ha especializado, desde Yrigoyen hasta hoy, en ser funcional a la reacción, en nombre del socialismo y sólo la izquierda nacional ha sabido comprender a los movimientos nacionales cabalgando a su lado mientras intentaba mantener su independencia política, ideológica y organizativa, aunque también allí hubo claudicaciones como la de Ramos frente al menemismo. Pero como estas críticas (confundiendo al posible aliado con el enemigo principal) provienen de compañeros con los cuales hemos transitado caminos de lucha, como en el frustrado Proyecto Sur de 2002/03, alguien que pertenece a las bases de Carta Abierta, orienta la Corriente Política E. S. Discépolo y dirige el periódico Señales Populares, se ve obligado, con el dolor que provoca criticar a antiguos compañeros, a intervenir en la polémica.

A las críticas de Alcira, podemos oponer:

1) La avanzada política de derechos humanos del kirchnerismo.

2) La avanzada política latinoamericana que contribuyó a hundir el proyecto del ALCA, que desde el Unasur contribuyó a evitar el golpe de Estado en Bolivia y que ha logrado la simpatía y apoyo de Chávez y Fidel, quienes, según parece, saben algo de imperialismo y cuestión nacional.

3) La depuración de la Corte Suprema de Justicia con la incorporación de figuras de capacidad y conducta incontrovertible.

4) El recupero de los aportes previsionales al tomar las AFJP, dando un fuerte golpe al poder financiero.

5) La reconversión de una economía de especulación por un modelo productivo que permitió una importante disminución de la desocupación y la pobreza.

6) El intento de redistribuir el ingreso a través de la Resolución 125, afectando la renta agraria diferencial, en el mismo sentido que lo hizo Perón en el ‘46 a través de los tipos de cambio selectivos. (En este caso, no vale el argumento de Alcira acerca de la votación de Lozano, pues la AFIP (resolución 1898/2008) inició acción contra las grandes exportadoras por los 1700 millones de pesos evadidos (El Cronista, 22/1/2009). Y aun cuando no lo hubiera hecho, esto obligaba, por lo menos a la abstención y no a ser cobertura de izquierda de la nueva Unidad Democrática que están conformando Carrió, Morales, López Murphy y otros.)

7) El recupero del rol del Estado: en Correos, Aguas, transporte aéreo, astilleros, algunos ramales ferroviarios, proyecto de tomar la fábrica de aviones de Córdoba y el canal Encuentro.

El kirchnerismo es pues todo esto y es también buena parte de lo que dice Alcira, como ocurre normalmente con los movimientos nacionales en gestación, policlasistas, contradictorios, clientelistas, pragmáticos, conciliadores, con “amigos del poder” que hacen negocios. ¿Se lo tenemos que decir nosotros, desde la izquierda nacional, justamente a los peronistas? Diría Jauretche, ¿dónde se ha visto que los hijos enseñen a los padres cómo se hacen los hijos? ¿Qué hubiera hecho Pino cuando Perón se negó a expropiar a la corrupta y recorrupta CADE? ¿Hubiera dicho que era “un gobierno antinacional y antipopular”? Claro, desde la izquierda abstracta es fácil decir, ¿por qué Perón no desarrolló fuertemente la minería?, ¿por qué apenas dio el puntapié inicial con Somisa cuya primera colada es de la época de Frondizi? ¿Y el contrato petrolero con la California? ¿Habría dicho acaso: “¡Qué antinacional y antipopular es este Perón!”? Pino dice en otro artículo: “Perón no estaría hoy en el PJ”. Yo pregunto: ¿era mucho mejor el PJ del ‘54? ¿No había entonces “amigos del poder” que hacían negocios? ¿Quiénes eran Jorge Antonio y Silvio Tricerri? ¿O entonces resulta que Codovilla tenía razón siendo funcional al imperialismo para que sanease a la Argentina emporcada por los “negros peronistas” del ‘45?

Por otra parte, somos ya lechuzas demasiado cascoteadas para entrar en la moralina boba de la Carrió: la corrupción es intrínseca al capitalismo y cuando está la reacción en el poder disimula sus negocios con leyes a su conveniencia; cuando estamos los del pueblo algunos violan esas leyes y hacen sus negocitos. Pregúntenle a Chávez, que sabe de esto, como también de la clase media de Caracas escandalizada moralmente, aunque, igual que la nuestra, evade impuestos con toda naturalidad.

Por momentos me asombro, porque parece que hay que enseñarles peronismo a los peronistas. Ningún gobierno, decía Perón, cumple el 100 por ciento de los objetivos nacionales y populares, porque está el enemigo que también es fuerte. Cuando cumple el 50 por ciento o más ya el balance es favorable. Jauretche le decía a Jorge Del Río cuando se deslizaba a la oposición porque Perón no expropiaba la CADE: “Es importante, sí, pero usted no puede ver la historia por el agujerito de la cerradura de la CADE”.

El balance general es el que interesa. Escuchen esto mis viejos y queridos amigos: “Hay muchos actos, y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de su conveniencia. No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país” (1947). No hace falta que te diga a vos, Pino, que hiciste recientemente una película sobre “los hombres que están solos y esperan”, que el autor es Raúl Scalabrini Ortiz. Por eso, como decía Jacques Prevert, es muy peligroso dejar que los intelectuales jueguen con fósforos porque, retomando a Jauretche, combatir lo bueno (“desgastando”, creando “clima destituyente”) puede significar que en vez de lograr lo mejor, sirvamos para que vuelva lo malo.

En esta Argentina de hoy hay que luchar para profundizar este proceso, cabalgándole al lado, marcando críticas, proponiendo soluciones superadoras, empujando, pero no atacando desde enfrente, presionando para que fracase, porque la única opción que hay hoy la conocemos y viene de lejos: Bullrich Luro Pueyrredón, Pinedo, Estensoro, López Murphy, Grondona, Anchorena, los grandes pulpos mediáticos... y el Tío Sam.

Por esta razón, Proyecto Sur debería sumarse a Carta Abierta en vez de arrojarle críticas y trabajar desde allí, para incorporar a la lucha a los sectores populares, para movilizar, exigiendo al Gobierno que profundice lo realizado, porque –y vuelvo a decir, me da vergüenza explicarlo a compañeros de larga militancia– aquí hay una cuestión nacional argentina y latinoamericana por resolver. Y estamos frente a una oportunidad como nunca tuvimos antes. Lo saben Fidel, Chávez, Evo, Correa y muchos otros y lo intuyen los pueblos. Quienes socaven este proceso –con planteos que desconocen la correlación de fuerzas existente– asumen una grave responsabilidad si se frustra esta gran oportunidad para ir dando pasos hacia una América latina unida y soberana, marchando en el camino del socialismo del siglo XXI.

* Publicada en Página 12.

miércoles, 21 de enero de 2009

¡ARTECHE Y LA PUTA MADRE QUE TE PARIO!


Mirá, yo no soy peronista, no lo fui nunca y no podré serlo. Pero cuando en España leía que la noche de la votación por la 125 corrían desesperados el hermano de Menem para buscarlo a éste en la clínica, cuando andaban corriendo detrás de los votos Moreau, Alfonsín, su hijo y Barrionuevo, pensé: "Joder, querido, qué cónclave de patriotas". Y a todo el mundo le parece un acto de patriotismo la menesterosa actitud de Cobos. Que está bien que vote como votó si es su sentir. ¡Pero votá y renunciá!... Se queda en un gobierno con el que no comparte sus tesis usando escritorio, teléfonos, coches, nafta. ¡Cómo se envilece el alma del hombre de a pie con este tipo de ejemplos!

Lo dijo Federico Luppi en una entrevista que le hizo Viva, la revista dominical de Clarín. Aunque no borra nuestros errores, al menos nos sirve para reafirmar que elegimos bien a algunos enemigos, pero también, que elegimos mal a algunos amigos. Mientras tanto, Cobos sigue. ¡Arteche y la puta madre que te parió!

jueves, 13 de noviembre de 2008

LA CORTE Y LA LIBERTAD SINDICAL



He leído con atención el fallo de la Corte que aborda el tema de la libertad sindical, así como diversas reacciones al respecto, entre ellas, un pormenorizado documento redactado por Mariano Recalde.
No creo que la comprensión de este tema pueda agotarse en una exégesis jurídica.
No creo que exista una verdad absoluta que permita a quien la sustenta negar la realidad.
Y esa realidad está repleta de contradicciones.
Mi primera opinión luego de leer el fallo la escribí en ramble tamble, como comentario a una nota de Artemio López. Allí expresé que estoy de acuerdo con la decisión, pero a su vez, creo que la fundamentación tiene tintes de gorilismo difíciles de respirar.

El fallo y el artículo 41

Creo que el reproche de inconstitucionalidad para el artículo 41 tiene sustento sólido.
Extender el derecho de preferencia a restringir la posibilidad de elegir y ser elegido como delegado a quien no pertenezca a la organización sindical preferente no sólo torna ilusorio el ejercicio de esa libertad (porque desde la base impone esa preferencia como requisito de pertenencia para la participación), sino que contribuye a consolidar un modelo de organización sindical en el cual, en muchos casos, aparece devaluada o ignorada la actividad de representación gremial a ese nivel. Como todo poder que logra instituirse, tiende a darle más relevancia a la consolidación de ese poder que a la participación de quienes son su fuente.
Tampoco considero una consecuencia necesaria del fallo la existencia de “delegados paralelos”.
Por último, no hay una sola consideración en el texto del fallo que sustente la interpretación de que la sentencia está circunscripta al “ámbito público”. Está muy claro el alcance de las sentencias de la Corte en función de nuestro sistema difuso de control de constitucionalidad. Pero los argumentos y opiniones del fallo respecto del artículo 41 y su inconstitucionalidad valen tanto para el ámbito público como para el privado y la postura del gobierno en ese sentido no es más que una expresión de buena voluntad que tiene el valioso objetivo de calmar los ánimos pero que no encuentra sustento en la sentencia.

El gorilismo

Si alguien que desconoce nuestra historia lee el fallo, podría llegar a pensar que el constitucionalismo social en nuestro país es un logro adjudicable a la fusiladora. La cita de la Destituyente del 57 y la presentación “ascética” del 14 bis sin definiciones precisas respecto de su historia previa, alejan a la sentencia de la línea reivindicativa que expresa la CTA y lo emparentan con la tradición gorila enemiga del movimiento obrero y del poder sindical.
Desde ese punto de vista, sí tengo un reproche para los miembros de la Corte que no considero inscriptos en la tradición gorila, y es no haber desarrollado una fundamentación propia distante de esa línea argumental.

Realidad y contradicciones

Se me dirá que mi visión del fallo escinde la decisión de los fundamentos de un modo inaceptable, y que si los fundamentos tienen brochazos gorilas, la decisión también tiene ese carácter.
Yo creo que la contradicción late en el fallo como late en el movimiento obrero y late en nuestra sociedad.
Para ser justos, la propia historia de la OIT y de las diversas formas de participación de nuestros trabajadores, empresarios y gobiernos en la misma, no puede escindirse de la realidad política del siglo pasado desde la Sociedad de las Naciones hasta la caída del muro y la imposición del modelo neoliberal, pasando por la guerra fría. Así, el meneado concepto de libertad sindical tiene fuentes, razones, contenidos y expresiones de naturaleza muy diversa.
La CGT que lidera Hugo Moyano es probablemente la que mejor se identifica con la identidad preponderante en nuestro movimiento obrero y la más enraizada con su historia de lucha.
Pero ya en los tiempos del fallo OUTON existían contradicciones en el movimiento obrero respecto de la actitud ante la dictadura y, a partir del Proceso, la reivindicación de “una sóla CGT” , con o sin artículo 41, fue una expresión de deseos que chocó contra la propia realidad de las organizaciones gremiales.
La reacción de hoy de la “CGT Celeste y Blanca” es la expresión más bizarra de esa realidad contradictoria: quienes dividieron a la CGT, no pueden ocultar su alegría por el fallo pero a su vez adjudican a sus autores la intención de dividir al movimiento obrero.
Del otro lado, está la CTA y su lucha. Por supuesto que tiene sus contradicciones y limitaciones. Pero más allá de las interpretaciones legales, me cuesta hasta lo imposible explicar que pretendamos desconocer a compañeros con los que hemos compartido la calle en un sinfín de luchas.
Está claro que allí hay trabajadores ocupados y desocupados, está claro que han protagonizado luchas de indiscutible naturaleza gremial, está claro que son algo más que una asociación civil, está claro que intentar compartir la lucha con ellos y al mismo tiempo desconocerlos es la raíz de reacciones disparatadas como la interpretación del fallo que hizo el gobierno.
“En modo alguno puede incidir en el reconocimiento de personería gremial a sindicatos o centrales que no son los más representativos”, escribe Mariano Recalde respecto del fallo. Y en esa frase late con claridad la contradicción: negación de la personería gremial a sindicatos o centrales que son tales, es decir, indudablemente personas, indudablemente gremiales.
El fallo de la Corte establece una línea jurisprudencial de consecuencias aun difíciles de precisar.
Pero los conflictos y las contradicciones están allí, se pronuncie o no la Corte acerca de ellos, los dirima o no de mejor o peor modo. Están y no se van a superar simplemente porque intentemos gambetear la realidad o desconocer no ya a quienes tenemos enfrente, sino también a quienes suelen marchar a nuestro lado.

lunes, 20 de octubre de 2008

Hemingway


“…sientes con rapidez que estás en manos de alguien que escribe
tan bien que tu inteligencia después está sintonizada ante los defectos en la mala escritura de los demás, y, peor, en la tuya”. Norman Mailer

COLINAS COMO ELEFANTES BLANCOS

Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El americano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.
—¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.
—Hace calor —dijo el hombre.
—Tomemos cerveza.
—Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina.
—¿Grandes? —preguntó una mujer desde el umbral.
—Sí. Dos grandes.
La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.
—Parecen elefantes blancos —dijo.
—Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza.
—No, claro que no.
—Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto.
La muchacha miró la cortina de cuentas.
—Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice?
—Anís del Toro. Es una bebida.
—¿Podríamos probarla?
—Oiga —llamó el hombre a través de la cortina.
La mujer salió del bar.
—Cuatro reales.
—Queremos dos de Anís del Toro.
—¿Con agua?
—¿Lo quieres con agua?
—No sé —dijo la muchacha—. ¿Sabe bien con agua?
—No sabe mal.
—¿Los quieren con agua? —preguntó la mujer.
—Sí, con agua.
—Sabe a orozuz —dijo la muchacha y dejó el vaso.
—Así pasa con todo.
—Si dijo la muchacha—- Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.
—Oh, basta ya.
—Tú empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.
—Bien, tratemos de pasar un buen rato.
—De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?
—Fue ocurrente.
—Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?
—Supongo.
La muchacha contempló las colinas.
—Son preciosas colinas —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.
—¿Tomamos otro trago?
—De acuerdo.
El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.
—La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre—.
—Es preciosa —dijo la muchacha.
—En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig —dijo el hombre—. En realidad no es una operación.
La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.
—Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.
La muchacha no dijo nada.
—Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.
—¿Y qué haremos después?
—Estaremos bien después. Igual que como estábamos.
—¿Qué te hace pensarlo?
—Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.
La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.
—Y piensas que estaremos bien y seremos felices.
—Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.
—Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices.
—Bueno —dijo el hombre—, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.
—¿Y tú de veras quieres?
—Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.
—Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?
—Te quiero. Tú sabes que te quiero.
—Sí, pero si lo hago, ¿nunca volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?
—Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.
—Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?
—No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.
—Entonces lo haré. Porque yo no me importo.
—¿Qué quieres decir?
—Yo no me importo.
—Bueno, pues a mí sí me importas.
—Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.
—No quiero que lo hagas si te sientes así.
La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.
—Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.
—¿Qué dijiste?
—Dije que podríamos tenerlo todo.
—Podemos tenerlo todo.
—No, no podemos.
—Podemos tener todo el mundo.
—No, no podemos.
—Podemos ir adondequiera.
—No, no podemos. Ya no es nuestro.
—Es nuestro.
—No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.
—Pero no nos los han quitado.
—Ya veremos tarde o temprano.
—Vuelve a la sombra —dijo él—. No debes sentirte así.
—No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas.
—No quiero que hagas nada que no quieras hacer…
—Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?
—Bueno. Pero tienes que darte cuenta…
—Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco?
Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.
—Tienes que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.
—¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.
—Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.
—Sí, sabes que es perfectamente sencillo.
—Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.
—¿Querrías hacer algo por mi?
—Yo haría cualquier cosa por ti.
—¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?
El no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.
—Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto.
—Voy a gritar —dijo la muchacha.
La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.
—El tren llega en cinco minutos —dijo.
—¿Qué dijo? —preguntó la muchacha.
—Que el tren llega en cinco minutos.
La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.
—Iré llevando las maletas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió.
—De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.
El recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.
—¿Te sientes mejor? —preguntó él.
—Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.

Ernest Hemingway

domingo, 12 de octubre de 2008

Descubrir la muerte




Mónica Tresaco. Así se llamaba la división perdida del ENAM para mí.
Sin embargo, nunca le había visto la cara. Apenas si me había atrevido a imaginarla en la mirada pícara de su hermana Claudia.
En aquellos tiempos de silencio y miedo, de comentarios a media voz, no daba para hablar de desapariciones ni de división perdida. Apenas los murmullos en torno al dolor de esa familia por la hija que ya no estaba.
Mientras tanto, la vida seguía. Parecía que estábamos obligados a que transcurriera así, en silencio, de espaldas a las desapariciones. Al costado del hall de entrada, Buchi en la dirección. Al fondo del pasillo de Las Heras, el padre de Mónica al frente del buffet. En mi aula, Claudia detrás de su flequillo.
Hoy, luego de mirar una y otra vez las fotos del edificio de Las Heras y Manuel Castro que nos envía Angel desde su casilla, sentí más ganas de ver paredes que caras. Al encontrarme con la división perdida caí en cuenta que nunca había visto la cara de Mónica y descendí con el cursor hasta que llegué a su foto, la última de las 29. Es curioso. Aunque la foto es borrosa esa cara parece plena de determinación. Tal vez sean los labios, entreabiertos con rigor. O los ojos, que por las sombras de la toma no se ven, pero sin embargo miran y desnudan. En el sitio están todas las fotos, cada una con su más o menos breve relato, desapariciones de las Tres A y de la dictadura.
Mis cinco años en el ENAM transcurrieron entre las primeras y las últimas desapariciones, del 75 al 79. El Nilo crecía y la agricultura nacía en Egipto desde la voz de Tawsend sobre su limo. Con Sajur leí “Los funerales de la Mama Grande”. Con Teresita Russiani, “Alrededor de la Jaula”. Desde tercero empecé a sentir que el mundo y su sentido eran las aulas, el patio y cada una de sus voces. Después, como todos o casi todos, me fui de ahí. Me fui a pesar de las lágrimas sobre Canción para mi muerte. Me fui y seguí mi camino sin que me quedaran de la escuela más que amores imposibles, poesías mal escritas y amigos y compañeros más o menos perdidos.
Desde hace muchos años arrastro preguntas cuya respuesta no terminaba de encontrar.
¿Por qué esos años de silencios obligados fueron tan determinantes en mi vida? ¿Cómo es que aun sigo convencido que si a alguien debo intentar mantenerme fiel, es al que fui en esos años?
Tal vez la respuesta está en algo que dijo el escritor Francisco Umbral: “aquí fue mi descubrimiento de la muerte, que es siempre adolescente, ya que en la adolescencia la descubrimos, la conocemos, aprendemos su nombre”.
Es eso. Es lo que siento, lo que me digo cuando abro la tapa de Sinfonía Adolescente, el CD de Charly con tapa de vinilo, y repaso la letra de El chico y yo como cuando me encerraba frente al Winco y me aprendía una a una las letras en las tapas de los viejos discos de Sui Generis.
Un adolescente frente al descubrimiento de la muerte. Puede que esa respuesta sirva para todos los adolescentes de todos los tiempos. Pero en aquellos años, era bastante más que una revelación existencial. La muerte era la pared de sonido detrás de cada paso que dábamos, de cada mirada, de cada tontería, de cada descubrimiento. Era de muerte el sonido de aquel silencio.
A mis cuarenta y siete, con mi pretensión intacta de ser adolescente por siempre, a las dos de la madrugada, mientras en casa todos duermen, frente a la pantalla vuelvo una y otra vez a la mirada siempre adolescente de Mónica y me pregunto si aun soy capaz de mirar así.
Monica Tresaco murió al poco tiempo de aprender el nombre de la muerte. “No me interpretes mal, me gusta este momento, pero pronto desaparecerá”, parece que cantaran sus ojos.