sábado, 21 de febrero de 2009

El niño de Machagai

Hizo bailar a mis viejos en los 40. El me hablaba de su talento sin igual, ella de la magia que transmitía posado sobre la guitarra desde la gracia de sus pies y la delgadez ceñida en su saco blanco. Pero cuando supe que había nacido en Machagai, se me dio por preguntarme en que momento, en que rincón, en que suspiro de esas calles polvorientas se fue forjando el talento de ese hombre que desde su guitarra hacia respirar la armonía del mundo. ¿Cómo se conocieron, cómo se enamoraron, su padre, guitarrista uruguayo de origen español, su madre, toba nativa y pianista? Algunos hablarán del destino al recordar que al niño lustrabotas de Saenz Peña alguien le acercó un cavaquinho de cuatro cuerdas desde el que iniciaría su destreza de instrumentista. Pero no hay ningún destino. Sólo el niño hijo de la pianista toba y el guitarrista uruguayo que no para de buscar su alma en la música. El niño de Machagai.
Su intuición cautivaría a Josephine Baker, a Duke Ellington y a Louis Amstrong. ¿Qué otro músico puede decir que junto a su guitarra tocaron el violín Elvino Vardaro y Hernán Oliva?
A cien años de su nacimiento, tiene su homenaje en su propia tierra. Allí donde dio sus primeros pasos, hace oír su voz su nieta Jorgelina. En alguna de sus biografías se lee que “armonizaba con tanta perfección que producía la admiración de los colegas de renombre”. Ella canta y alguien quizá se permite pensar que en el silencio de las siestas, en algún rincón de Machagai puede oírse aun al guitarrista uruguayo, a la mujer toba del piano y el repiqueteo de los pies de aquel niño de seis años que dibujaban con destreza un malambo.



YouTube - Oscar Aleman: "Melancolía - Oscar Alemán y su Quinteto de Jazz"

No hay comentarios:

Publicar un comentario