lunes, 22 de agosto de 2016
NICTOMANÍAS
Ella era nictofílica y él nictofóbico.
Se conocieron mirando un eclipse
Y en esa misma terraza se amaron.
Desde entonces, no volvieron a verse.
Ella raspa los bordes de la madrugada.
Él la nombra en el umbral de su miedo.
Ambos se bloquearon en el whatsapp.
jueves, 18 de agosto de 2016
METÁFORA
La palabra metáfora proviene
del griego. Ahorrándonos letras raras, meta significa más allá y fora (o féro)
significa llevar, traer. Llevar más allá el sentido de una palabra.
Para Aristóteles, metáfora es
transferencia de un nombre de una cosa a otra.
La metáfora es un tropo.
Tropo es la sustitución de una expresión por otra cuyo sentido es figurado. La
metáfora no es el único tropo, por lo cual tropo sería el género y metáfora la
especie. Pero Aristóteles enseña que la de género y especie es una de las
sustituciones metafóricas posibles. Así, la metáfora, por definición, es capaz
de ir más allá de su propio género.
Quizá Gilberto Gil, explicó
mejor su sentido:
Uma lata existe para conter algo
Mas quando o poeta diz: "Lata"
Pode estar querendo dizer o incontível
Uma meta existe para ser um alvo
Mas quando o poeta diz: "Meta"
Pode estar querendo dizer o inatingível
Por isso, não se meta a exigir do poeta
Que determine o conteúdo em sua lata
Na lata do poeta tudonada cabe
Pois ao poeta cabe fazer
Com que na lata venha caber
O incabível.
Deixe a meta do poeta, não discuta
Deixe a sua meta fora da disputa
Meta dentro e fora, lata absoluta
Deixe-a simplesmente metáfora.
Un hombre se enamoró de una
mujer hace muchos años. Fue breve y no volvieron a verse, pero no la olvidó. No
volvió a su calle, siguió adelante con su vida, pero podría decirse, llevando más
allá el sentido, que nunca dejó de buscarla.
Cuando aprendió a navegar, la
búsqueda se hizo más concreta. Al fin y al cabo, no había olvidado su nombre. Sin
embargo, aunque se topó con decenas de homónimas, ninguna era ella. Sólo pudo
hallarla mucho tiempo después, cuando ya casi se había dado por vencido,
gracias a que recordó su segundo nombre: Aparecida.
Quizá nadie llevó la metáfora
tan lejos como el poeta del iceberg:
“El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5895 metros de altura,
y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, «Ngáje Ngái», «la
Casa de Dios». Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un
leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo
por aquellas alturas”.
¿Qué buscaba el leopardo?¿Qué
buscaba Robert Jordan? ¿Qué buscaba el viejo del bote?
Lo importante no es que se te
congelen los huesos, que termines en una trinchera a merced de tus enemigos o
que los tiburones se devoren tu pesca. Lo importante es la búsqueda. Buscando
es que conseguimos llevar el sentido más allá. Hasta la más seca y fallida de
las búsquedas enciende una verdad que ya no se vuelve a esfumar una vez
aparecida.
miércoles, 17 de agosto de 2016
ARGENTINA, ¿PAÍS DORY?
Un día. Quizá se olvida rápido un día. Ayer fue el día que liberaron a Belén. O el que reprimieron a los jubilados a los que les habían prometido el 82%. O el que le pusieron una granada a la jueza que protegió a los usuarios mientras el ministro de Shell la mencionaba en el Congreso. También el día en que se terminó de saber que al presidente Macri no le tiraron ninguna piedra en Mar del Plata y que la muchacha que estaba cerca de Cristina en la Villa 31 no conoce el mar.
Quizá se trate de eso. Miro el peluche de mi hija, recuerdo la película y me pregunto si no somos un "país Dory". ¿Acaso esta vuelta a la miseria y la violencia no nos hace notar que venimos con serios problemas de memoria reciente? Por eso. Elijamos una buena idea que nos permita no perder el rumbo y sigamosla sin desfallecer ni vacilar. La chica de la Villa 31 nos ha dado una pista. Recuerdo cuando Perón y Eva llenaron las playas de grasitas. quizá debamos proponernos ser una patria en la que no quede una sola persona sin conocer el mar.
viernes, 12 de agosto de 2016
CHOMSKY Y LA MEMORIA
En un encuentro en Café Dalí de Lomas de Zamora mi novela “24/3/76,
Historias de un día” fue una buena excusa para hablar de la memoria y las
palabras partiendo de dos preguntas que se ha hecho Noam Chomsky en su obra “El conocimiento del lenguaje”.
La primera busca explicar cómo los seres humanos,
cuyos contactos con el mundo son breves, personales y limitados, son capaces de
saber todo lo que saben. Lo denomina “el
problema de Platón” y para contribuir a desentrañarlo, realiza una valiosísima
investigación sobre el lenguaje en la que concluye que no es sólo una
construcción cultural sino una facultad innata.
La segunda pregunta es cómo conocemos tan poco en
circunstancias en que disponemos de una evidencia muy amplia. Lo denomina “el problema de Orwell” y alude a la
capacidad de los poderes dominantes en una sociedad de imponer y sostener
creencias ampliamente aceptadas en flagrante contradicción con hechos obvios
del mundo circundante. El caso de Vladimir Vanchev, un locutor de Moscú que
cometió la herejía de salirse del relato permitido e impuesto al hablar
expresamente de la “invasión” de la
URSS a Afganistán, sirve para explicar como la cuestión se presenta en
sociedades consideradas totalitarias. Para el sistema soviético no existía tal
invasión y Danchev fue retirado de circulación y repuesto en su cargo luego de
un “oportuno” tratamiento psiquiátrico. Pero Chomsky sostiene que lo mismo
sucede en sociedades consideradas democráticas y estudia el caso de la invasión
a Vietnam, demostrando que durante 22 años no fue considerada como tal en
ninguna manifestación política o periodística en los Estados Unidos. Incluso cuando
la presencia en Vietnam se volvió impopular, no se reaccionó desde la convicción
ética de lo indebido que es invadir y atacar a las personas de otro país, sino
porque las pérdidas económicas y de vidas estadounidense la volvió “inconveniente”. Aunque no lo menciona,
Mohammed Alí al negarse a ir en Vietnam fue la voz que en Estados Unidos se
animó a plantear claramente la realidad sustraída al debate.
Concluye el planteo señalando que “el problema de Platón e intelectualmente excitante”, pero “a manos que lleguemos a comprender el
problema de Orwell y a superarlo, existen pocas probabilidades de que la
especie humana sobreviva el tiempo suficiente para descubrir la respuesta al
problema de Platón y a otros que desafían nuestro intelecto y nuestra
imaginación”.
Una explicación posible es que partiendo del instinto
de supervivencia como raíz, las personas necesitamos caminos para seguir. Quienes
detentan situaciones de privilegio en el ejercicio del poder tienen la
posibilidad de marcarnos el rumbo y los límites de ese camino de modo que
resulte muy difícil salir de él, aun cuando sean muy evidentes los egoísmos sobre
los cuales está construido. Puede que en muchos casos esas verdades evidentes
no estén ausentes del todo, sino que permanezcan tras un velo como cuestiones
que la persona prefiere no afrontar. Quienes concentran el poder escriben el
libreto y son muchas las personas que, si no median situaciones de crisis
profunda (o a veces incluso en ellas) son muy reacias a abandonarlo, aunque ese
guión les brinde un lugar pequeño e injusto.
Pensar desde lo cotidiano el 24 de marzo de 1976 tiene
como desafío analizar cómo las personas, en un día trágico de la historia,
siguieron adelante con sus vidas, ya sea sufriendo expresamente esa tragedia,
con conciencia de ella o a veces, en un ejercicio de rutina que sólo los conectó
tangencialmente con lo que sucedía.
En ese encuentro de café, muchos de los presentes se
animaron a poner en palabra los recuerdos que llevaban en silencio de aquel 24
de marzo. A varias de esas personas las conozco hace años. Sin embargo,
surgieron allí cosas de sus vidas que desconocía, e incluso, en algunos casos,
que era la primera vez que relataban, sobreponiéndose a la emoción y con voz
entrecortada.
¿Por qué fue importante? Porque para animarnos a
intentar otros rumbos que los permitidos, es imprescindible la memoria. No por
casualidad quienes ejercen el poder se esmeran en imponer su relato del pasado.
Creo que este
tipo de ejercicios sirven para interpelar nuestras prácticas políticas. Quienes
nos planteamos estas cuestiones y sostenemos un determinado compromiso, no
solemos poner en palabra y en diálogo cómo vivimos las cosas y solemos
refugiarnos en un relato desde el cual tenemos escasos o nulos espacios de
comunicación con quienes no lo registran o lo cuestionan.
Alguna vez Alejandro Dolina dijo que Néstor Kirchner
se atrevió a transitar por caminos que nadie se atrevía. Seguramente que eso
requiere decisión y coraje, pero además, nos demanda la paciencia, la
comprensión y la capacidad de convencimiento que permitan que sean muchos los
que se animen a transitarlos.
El problema de Orwell también vive en cada uno de
nosotros. Oigamos la voz del Danchev o el Mohammed Alí que llevamos dentro para
animarnos a aquellas verdades a las que por alguna razón esquivamos la mirada.
domingo, 17 de julio de 2016
LA ABEJA CON OREJAS
La abeja con orejas gira con su lunapelota debajo de una sombrilla sin varillas y Felipe suelta una carcajada que hace caer una estrella fugaz que aun sin esa risa hubiera caído igual.
Dicho así, parece fácil. Pero en realidad, lo que sucede es mucho más fácil. La abeja con orejas gira en torno a un planeta verde, y como ella giran también, cada uno con su luna y su sombrilla, la Vaca que casi ladra y el Burro piel de jirafa, los otros dos viajeros de la constelación que domina el cielo que envuelve la nave de Felipe (que allá abajo se ve tan rectangular y tan plana que tal vez convenga sospechar).
Para describirlo con un poco más de realismo: la nave de Felipe es su cuna y la constelación que ha ganado su cielo es un móvil que hace girar en torno a un planeta verde tres extraños animalitos de peluche al son de Mozart y de Bach. La estrella fugaz, no es tan fugaz: cae y vuelve a caer con cada vuelta. Y si hay vueltas, no es por la energía de los cuerpos celestes del universo. O lo es de manera indirecta: gira y gira con la energía de dos pilas que casi todas las noches se recargan en la oscuridad.
La Vaca, el Burro y la Abeja son los amigos de Felipe. Y si es verdad que uno con los amigos se ríe, Felipe parece darle la razón, porque no hay mañana que no se encienda su boca sin dientes mientras sus ojos se van tras las estelas de la Vaca que casi ladra, el Burro piel de jirafa y la Abeja con orejas.
Hoy al mediodía Felipe cumplirá 71 días. No parece mucho tiempo, pero él ya tiene una historia. Una historia que Felipe vive desde el mismísimo principio pero que algún día le tendrán que contar, porque aun no hemos logrado darnos cuenta en qué archivo oculto guarda los primeros tiempos de cada una de nuestras vidas la memoria.
¿Será posible que al cabo de unos pocos años, o meses tal vez, Felipe no recuerde a la Vaca que casi ladra, al Burro piel de jirafa y a la Abeja con orejas?
Por supuesto que hay una explicación para esto. Parece que la memoria de cualquier individuo consta de dos partes. La memoria a corto plazo que nos permite recordar lo que hemos hecho el día anterior o recién y la memoria a largo plazo, que es la que nos permite almacenar los hechos más importantes o significativos de nuestra vida. Por diversos estudios se ha llegado a la conclusión que los bebés desarrollan la memoria a largo plazo a partir de los seis meses. Aunque esos plazos son estimativos, y también están los que dicen que en nuestra memoria hay recuerdos guardados desde antes de nacer.
“For sale: baby shoes, never worn”. Así de breve era un relato de Hemingway. “En venta: zapatos de bebé, nunca usados”. Es decir, los bebés no caminan, no gastan zapatos. Y en el caso de Felipe, no tiene zapatos. Y los tiempos en que no caminan ni tienen ni gastan zapatos, quedan en el olvido. O se recuerdan de algún modo del que no llegamos a darnos cuenta del todo.
Así las cosas, alguien puede llegar a pensar que cada vez que el móvil comienza a girar, es una película nueva ante los ojos de Felipe. Y cada vez, él vuelve a hacerse amigo de sus mejores amigos. Tal vez no siempre sea así.
Cuando comencé a escribir esta historia de Felipe y sus amigos, tenía otra idea. Por cierto, no era demasiado original. En la habitación a oscuras, Felipe sonreía y la complicidad con sus amigos hacía que el móvil sin baterías comenzara por sí solo a girar. Pero la realidad suele ofrecernos más que la ficción, sobre todo cuando se trata de una ficción tan trillada.
Sucedió hace poco más de una hora. Felipe estaba en la cuna y sus amigos en quietud. Elena hacía la cama en la habitación. Los miraba. Cuando Elena entró, le regaló una sonrisa. Ella le devolvió dos roces de su índice en el mentón y volvió a sus tareas. Felipe siguió. Riendo y balbuceando palabras que no lo son, repartiendo la mirada entre Elena y sus amigos.
-¡Ey, qué te pasa!- respondió Elena.-¿Tenés hambre? ¿Querés una mema?
No eran llantos de hambre. Elena volvió sobre su tarea, le dio la espalda para meter la punta de la sábana bajo el colchón. Felipe seguía protestando. Agachada y sin mirarlo, comprendió.
-¿Vos querés que giren tus amiguitos?
Con una carcajada corta Felipe dijo que sí.
Elena presionó el botón blanco y la Vaca que casi ladra, el Burro piel de jirafa y la Abeja con orejas comenzaron a girar. En la poca o mucha memoria de Felipe había lugar para sus tres buenos amigos.
Dentro de unos años, cuando le cuente esta historia y él me confiese que no recuerda a sus tres amigos, le daré los zapatos que he decidido comprarle hoy. Quizá tenga fortuna y consiga aquellos que relató Ernest Hemingway.
jueves, 23 de junio de 2016
SONETO EN TINTA CHINA
Puedo hacer
de mi lengua un plumín fino
Y dibujar
como el hombre de las cavernas
Flechas,
toros, pájaros, la canoa el río
Con la
tinta china que inventa tu entrepierna.
Y dejar
mis garabatos navegar a su suerte
sin
brújula, timonel ni grumete que los vea
sin
memoria del olvido ni temor a la muerte
rendidos
sin culpa al misterio de tu marea.
Me
nació este arte y sé que a ti te lo debo
No tuve
otro pulso que el latido de tus venas
Y fue
tu respiración la que me enseñó a dibujar
Te
nombran mis labios y en mi alma te llevo.
Al
mirarnos se esfuman los temores y las penas
Y vamos
a la deriva por nuestro río hacia el mar.
sábado, 28 de mayo de 2016
MORA
Amor que
crece
Y mora
que no demora.
Moroso
y amoroso
Moro en
tu alma
Y me
desmorono
Sin vos.
Morir
de amor
no
puedo
Porque te
amo
y me debo
amoral
a tus
mordiscos.
Soy tu
marinero
Surfean tu marea
Mis
labios moriscos
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