martes, 21 de marzo de 2017

BUBY, FELIPE Y LA MODERNIDAD LÍQUIDA



¿Por qué levantarse un domingo a las 7.30 AM? La razón es que con Buby debemos acompañar a Felipe al cuadrangular de mini y premini que se juega en Gimnasia y Esgrima de Lomas. A ese club nos llevaban a jugar basquet Oscar y Buby hace cuatro décadas, como la pequeña multitud de padres, familiares y amigos que hoy acompaña a los niños de Gimnasia, Colón, Villegas y Temperley. Escucho en una pausa la charla técnica que siguen con atención Felipe y sus compañeros: la vocación de aprender, el juego en equipo, la solidaridad y el compañerismo, por encima del egoísmo y el resultado.
Por la tarde me distraigo leyendo acerca de Zygmunt Bauman y su concepto de modernidad líquida. Me río pensando que al describir nuestros comportamientos en las redes sociales, tiene percepciones similares a las que expresa Peter Capusotto con Garolfa, “la red social que te permite comunicarte con todos y no estar con ninguno”.
Me ven, luego existo. El extraño atemoriza e irrita hasta la supresión y el bloqueo. Evitamos la controversia o la maximizamos hasta la irritación eliminadora. Pensamos que dialogamos sin fronteras, pero el diálogo real no es hablar sólo con quienes creemos que piensan como nosotros. En vez de crecer, nuestras habilidades sociales se limitan y refugian en una nube ilusoria.
En un mundo de incertidumbres, nos refugiamos en un espacio de afinidades y cualquier disonancia es una amenaza. El más mínimo disenso puede granjearle la calificación de “trol” a quien lo formula. Tendemos a percibir más fácilmente esta realidad en las tribus ajenas que en las propias. Pero no sólo los que hablan de los kaka y de la kretina se agrupan con esa lógica. En estos días hemos visto a muchos “ricoteros” reaccionar con ira frente a cualquier comentario que insinuara un reproche para su credo. En nuestro universo kirchnerista, las expresiones de disensos suelen ser respondidas con la calificación de traidores. Si invito a un usuario de Facebook a que revise su lista de bloqueos, es probable que no recuerde por qué está allí cada una de las personas que la integran.
Pero a las redes las protagonizamos personas y ese tipo de mecanismos no nació en ellas. Cuando alguien en una reunión familiar ponía como requisito “no se habla de política” para que el encuentro no terminara en discusiones, también buscaba preservar un espacio de afinidades. Y cuando esas discusiones explotaban, muchas veces terminábamos agrediéndonos y no escuchándonos, como sucede en las redes.
El sábado por la noche vi como en TVR se divertían con un fragmento de Calu Rivero, adornando la casi nada de su discurso con una cita imprecisa de Zygmunt Bauman. Quizá también tenga que ver con cómo utilizan el lenguaje los investigadores sociales para hacer visibles sus afirmaciones. La liquidez de lo moderno puede convertirse en una nota frívola, casi un comentario “de moda”, si pasamos por alto que quienes acumulan cada vez más riqueza y poder quieren colocar en zona de liquidez todos nuestros derechos. Quienes detentan poder, nos muestran como una virtud que estemos preparados para vivir de trabajos efímeros y cambiantes. No está mal que una persona tenga recursos múltiples para ganarse la vida. Pero no les preocupa tanto la versatilidad, sino algo que les interesó siempre: mano de obra barata y descartable. Procuran blindar su posición de privilegio (que obviamente pretenden preservar de lo líquido) pero a su vez procuran ser versátiles y suelen ser veloces para acrecentar su riqueza navegando sobre las oportunidades de especulación y negocios que se van generando y que suelen tener a las mayorías –y al planeta- como víctimas. El relato de la liquidez de lo moderno como una fatalidad irreversible corre el riesgo así de adquirir un sentido similar a la afirmación del fin de la historia.
Pienso que tenía razón Heráclito cuando decía que no nos bañamos dos veces en el mismo río. La vida es movimiento, cambio constante y hasta lo más sólido y duradero puede revelarse como efímero. Sin embargo, no se me ocurre pensar que una persona que trabajó toda la vida no tenga derecho a una jubilación digna. O que debemos resignarnos y no luchar para que todos los pibes tengan acceso a los derechos que alguna vez se sintetizaron en convenciones internacionales. Y si la protección extrema puede terminar aburguesándonos, no debe ser una excusa para que nos sometan a la más cruda de las orfandades.
Aun cuando nuestro tránsito por las redes confirme en parte las afirmaciones de Zygmunt Bauman, existen en nuestras vidas comportamientos y espacios que las desmienten como destino inevitable.
Por eso vuelvo al principio. A Felipe, su abuela, su profe y a la multitud de padres y pibes que crecemos con las destrezas, las diversiones y los valores que se construyen siendo parte de un equipo y de un club de básquet. Apenas un ejemplo de diversas realidades que se construyen con el otro de manera solidaria. La familia cambió, las relaciones de pareja son más cambiantes, pero es muy raro que un hijo deje de ser un hijo y deben ser rara excepción las personas que no pueden identificar afectos que marquen toda su vida.
¿Alcanza con esto? ¿No nos dirá alguien que se trata sólo de refugios de una forma de vivir en retroceso? Así sería, si renunciamos a la lucha.
En el objetivo compartido de muchos que se confronta con el privilegio injustificado de unos pocos está el sentido transformador del disenso y de la pelea.
Ese mismo domingo por la tarde leía a Emilio Pérsico afirmando que la lucha real está en la calle y no en twitter. Si no fuera así y bastara con las redes, el gobierno no estaría obsesionado ahora con la puesta en marcha de un protocolo antipiquetes, ni enviarían policías a las escuelas para intimidar a los maestros. De inmediato recordé, en el acto de la CGT, la explosión de bronca por la ausencia de fecha para el paro y la imagen de una trabajadora increpando a uno de los triunviros, que arrodillado al borde del escenario trataba de explicarle lo inexplicable. Ese momento de la movilización, en la calle, tuvo más fuerza que todas las puteadas que durante meses han recibido los dirigentes gremiales en las redes. Es cierto que ese episodio hubiera tenido mucho menos peso si no hubiera sido amplificado y extendido por las diversos soportes a través de los cuales nos comunicamos. Pero testigos de ese cara a cara, asistíamos al valor de salir de nuestro espacio de afinidades para discutir nuestras diferencias con el otro.
No están mal las redes si no terminamos allí aislándonos en la repetición de nuestro credo. La vida es cara a cara y con los otros, sin desistir de la posibilidad de aprender y convencer y sin renunciar a la lucha. Como Buby, que luchó siempre y abrazaba orgullosa a Felipe en el club al que me llevó de niño. Por más líquida que sea la modernidad, el camino para desbaratar la soledad está en la fuerza de una mirada.

domingo, 5 de febrero de 2017

QUIÉN SOS


¿Y vos quién sos?
Inventando el oleaje
Descubriendo un oasis
En la huida del chaparrón
Desafiando a los neumáticos
De giros apurados
Vibrando con tus alas
El diapasón de la luz
Para dibujar en la paleta
De tu charco
Cada uno de los colores
De la cuadra y de la tarde.
¿Calandria quizás?
Tan huérfana
Tu cabecita
De plumitas mojadas
Se reinventa de humedad
Se camufla en los reverberos
Y se ríe del calor y de mi prisa.
¿Y vos quién sos?
El charco queda atrás
Y frente a las últimas gotas
De lluvia en el cristal
En la soledad de mi auto
Me devuelvo la pregunta.

domingo, 25 de diciembre de 2016

EL HORNERO


Llega con comida en el pico, 
la comparte en el nido, 
se para sobre su hogar 
y feliz de la tarea canta.
La vida es sencilla
si tenemos ojos
para el hornero.
( https://www.youtube.com/watch?v=Ay-8AkGz3Oo )

sábado, 24 de diciembre de 2016

LOS PÁJAROS


Te cuento. 
Con Oscar hablábamos de política y de folclore, de cine y de tango. Pero también me enseñó a alzar la vista y sintonizar el oído para hacerme amigo de los pájaros.
En su voz de nostalgia, había un montón de pájaros que ya no volaban entre nosotros como antes. Me hablaba de las bandadas de mistos que dejaban amarillos los árboles, de los jilgueros donde sólo quedaban gorriones, de los cardenales mudados a territorios lejanos. ¡Claro que son distintos el chingolo y el gorrión, el zorzal y el hornero!
Y el día se vuelve diferente si un colibrí pasa fugaz por las flores o en algún alambre se para un churrinche o un bracita de fuego.
Jilgueros, cabecitas y corbatitas. Siete colores entre los juncos y calandrias en todas partes, tijeretas atacando a los chimangos y golondrinas burlándose de las lechuzas que cuidan su nido.
Carpinteros, renegridos, ratoneritas, teros y chajás, torcacitas y monteras, y cuando el sol se va, acostado boca arriba sobre el pasto, ver salir de la palmera de Atalaya un centenar de murciélagos.
Cuando hablo de pájaros, pienso en mi papá. Y cuando digo “soy Oscarcito”, también soy todos estos pájaros que me vuelan en la mirada y aprendí de él.
Ahora, cuando miro hacia las ventanas, los cables, el campo o los árboles, pienso en él y también en vos.
Los pájaros son buenos aliados a la hora de mirar el mundo.
No te los doy, están ahí, esperando por tus ojos.

viernes, 23 de diciembre de 2016

MILAGRO, RAÚL Y LA PACHAMAMA


-¡Mi líder latinoamericana!- dice Raúl  y acomoda su cuerpo enorme a la delgadez de Milagro para atrapar todas las miradas en la silueta y los gestos de ese abrazo. Ha sido el último en trasponer la reja que separa el adentro y el afuera en el hall de entrada del pabellón. Antes, uno a uno hemos abrazado a Milagro y ella nos ha presentado a sus compañeras de detención y a las otras personas que la visitan.
-¡Disculpá que no vine antes!- le dice sin dejar de mirarla y de sonreír.
-¡No, por qué!
-Si, disculpá, tendría que haber venido antes. Pero te confieso que sentía vergüenza. Yo jurista y vos en cana. Y no hay modo de explicar desde el derecho por qué estás presa.
-No te preocupes- sonríe Milagro tomándolo del brazo. –Sabemos bien por qué estamos presas.
Así las cosas. Los poderosos inventan las razones jurídicas y cuando no les son suficientes, se bastan con el odio. Presas en un cuadradito cercado de su valle.


* * *

Aunque charlar con él es una tentación única, el hombre que se encuentra a mi lado se merece la ofrenda de mi silencio. Raúl Zaffaroni llegó al hall de Aeroparque junto a Alejandro Guillaume con su cartera negra colgada del hombro sobre su camisa de jean y un libro en la mano. Ahora que está sentado a mi lado en el avión, va y viene por las páginas sin urgencias y eventualmente hace alguna anotación con su bolígrafo negro.  Imagino, en unos años, cuando él ya no esté, a algún joven desvelado por descifrar las notas manuscritas de los libros de la biblioteca de la calle Boyacá. El libro es Salón Deutschland, del crítico literario Wolfgang Martynkewicz y relata como un salón de la alta burguesía de Munich terminó, como otros, siguiendo a Hitler, después de años de devaneos entre pensadores, algunos más revolucionarios, otros más liberales, algunos judíos, otros antisemitas. La burguesía transitando el camino de lo monstruoso. Algo que tiene que ver con el nazismo y también con el motivo de nuestro viaje.


* * *


Milagro nos invita a pasar como si estuviera en su casa. Al fin y al cabo, la tierra que pisamos es más hogar suyo y de sus compañeros que de quienes deciden quien entra y sale de allí. Desde que llegó, a pesar de los momentos de profunda tristeza, ha ido imponiendo su impronta en la convivencia. Por eso ahora en el pabellón hay más bancos para sentarse y se reparó el calefón para que las presas puedan bañarse con agua caliente. Aquí también se lucha. Bajo los árboles y las medias sombras, al costado de una cancha de básquet de piso de cemento y aros oxidados, se arma la ronda con ella sentada de espaldas al pabellón, entre Raúl y Beinusz Szmukler. El sol de la tarde les da de costado, pero hay un viento suave que hace más llevadero el calor. Hay gaseosas, pan casero y bizcochuelo. En la otra punta de la ronda, las mujeres juegan con barajas de canasta. Estamos de buen humor. Como no se pueden sacar fotos, Milagro toma de la mano a Raúl y a Beinusz y jugamos a que posamos para una. Hay risas por los ojos que vigilan. Pero en la requisa no te pueden hacer dejar las miradas.
-Hay funcionarios judiciales perseguidos por el gobierno por no atacarme, Raúl-, dice Milagro con amargura. Alude al fiscal Darío Osinaga Gallacher y al juez Francisco Arostegui. -¿Te acordás? –dice mirando a su marido, Raúl Noro, ubicado a mi lado en la ronda, de frente a Milagro. -Cuando te metieron preso, nos mandábamos cartitas.
El relato de las cosas que piensa, repasa y sufre todo el tiempo brota a borbotones.
-El juez se lavó las manos y  respondió que no depende de él otorgarme el permiso de efectuar entrevistas. Pasó el tema a las autoridades de la cárcel,  que a su vez se lo pasaron al ministerio de seguridad. Está claro que es Morales el responsable último de la prohibición. Cuando mataron al changuito en la cárcel reprimieron con balas de goma: eso es Gerardo.
-Por eso trajeron al Siri- acota Noro-, necesitaban a alguien que se atreva a reprimir. Guillermo Siri, secretario de seguridad de Morales, supervisó la detención de Milagro. El MEDH de Mendoza, lo acusa de haber formado parte de los “consejos de guerra” de la subzona San Juan, Mendoza y San Luis, a los que correspondía “el juzgamiento de las conductas subversivas y adjudicar las penas a los aprehendidos”.
-En Jujuy este año hemos tenido varios suicidios de policías –insiste Milagro-. No ven a las familias y están sometidos a mucha presión. Encima,  vienen y dicen que los van a hacer laburar más porque están al pedo. Han militarizado la provincia. Fueron a entregar títulos y había dos patrulleros por cuadra. Morales llegó con ocho custodios y guardia de infantería.
-Está asumiendo su propio esteriotipo- dice Raúl.
-¡Doce allanamientos en un día de tupaqueros! Ya van por 21. Manejan la justicia, pero igual te allanan sin orden judicial. Contales, Graciela, cómo  hicieron con vos. Graciela mira hacia adentro con una sonrisa de incredulidad.
-Yo había cobrado doce mil pesos de mi sueldo con ticket del banco. Cuando me allanaron me los encontraron y aunque tenía el ticket y podía justificar que era dinero de mi salario, los usaron para incriminarme, los mostraron para dejarme como una ladrona.
Presa por cobrar su sueldo.


* * *


-Abuela, dijiste que íbamos a jugar-. Catriel se para frente a Milagro con una botella cortada de agua mineral medio llena de tierra en la mano. Mira dentro de la botella y le habla a su abuela. Tiene la edad de Felipe y pienso que no hubiera sido mala idea venir con mi hijo. Lleva una camiseta verde de Barovero con el escudito de River. Amaru, el otro nieto de Milagro, tiene puesta la de Gimnasia y Esgrima de Jujuy y juega a un costado pendiente de la respuesta de su abuela. Ella les pide que esperen, que en un rato va a jugar. Me da culpa, porque me doy cuenta que la charla se va a consumir el horario de la visita.
River y Gimnasia de Jujuy son las dos pasiones futboleras de Milagro.
-Ahora tenemos otro título- se jacta. El diácono bromea con ella: es de Boca.
-Los testigos que aun no habían ingresado en el juicio vieron los testimonios por TV- dice Noro retomando la enumeración de atrocidades del mundo Gerardo.
La propuesta de un plebiscito para definir si Milagro debe seguir o no en la cárcel salta a la mesa de cemento desde el podio de los disparates. Catriel suelta una opinión de niño que respira y registra los relatos de sus adultos y se aleja para seguir jugando con Amaru.
Alguien pregunta por la posibilidad de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dicte una cautelar.
-No digo que no, pero es difícil, no hay que ilusionarse. Creo que lo tiene que resolver la Corte Suprema- responde Raúl. Lo ha dicho en el programa de Aliverti y en cuanta entrevista le han hecho. “Yo insisto y lo repito a ver si alguno que quiera darle una salida a este disparate me escucha y siguen ese camino”, nos dijo antes de subir al avión. Si la Corte reconociera los fueros, Milagro quedaría en libertad. Pero eso no solucionaría el problema de sus compañeras de prisión, que también requieren sostén, respaldo, oídos para su voz.


* * *


En el hall del aeropuerto de San Salvador nos esperaban el Turco David. Militante del Evita, productor frutihortícola y amigo de Mario Perotti, había viajado 180 km. desde el calor de Yuto junto a Lily, su compañera, para recibirnos y llevarnos a la cárcel de Alto Comedero. Otra compañera, Romi, vino con un segundo vehículo. La presencia de Raúl Zaffaroni genera una pequeña conmoción en la salida del hall. Algunos lo reconocen y no se animan a acercarse. Otros lo saludan y le piden que no afloje. Ricardo Carrizo nos demora: es un diácono militante de los Curas en Opción por los Pobres y tiene que retirar de la cinta de equipaje dos pilas de afiches para los compañeros de la provincia. Se nos había acercado en Aeroparque y conversó un buen rato con Raúl. Lily contagia jovialidad y en los saludos se produce un pequeño choque de culturas entre su sombrero de mujer jujeña y el de porteño petitero que lleva Beinusz.
El viaje en auto está signado por dos preocupaciones. Por un lado, la situación de Milagro y de la provincia, en que Morales ejerce el poder como en dictadura mientras el peronismo y las organizaciones sociales no encuentran el camino para salir de la dispersión. Por otro, el auto de David, que falla en segunda y tira humo negro por algún problema que rogamos no nos deje a pie. Hablamos del valle y sus cultivos, de Milagro y los pueblos originarios, de la esperanza que les genera el armado de la CTEP y del jurista Julio Maier, a quien conocen por participar todos los años del carnaval jujeño en la comparsa Los Caprichosos. En la entrada de la cárcel nos recibe Lucho, abogado de Milagro. Luego se nos acerca un fotógrafo.
-Soy de la corpo- dice y sonríe.
-Estás laburando, no hay drama.
Nos acercamos documentos en mano al puesto de guardia. Nuestros nombres están en la lista del día. Una oficial penitenciaria nos acompaña hasta la requisa. Trabaja 24 x 48 y tiene más de dos horas de viaje hasta su casa en San Pedro. Recibirá 2017 en su hogar, pero estará de guardia en Navidad.


* * *

-Yo no quería ir a declarar- dice Milagro cuando elogiamos su actuación en el tribunal. Hace una pausa como si rastreara en su interior aquel convencimiento. -Al principio estaba mal, me sentía vacía. Me empezaron a traer las cosas que me pertenecían -un rosario, una cadena con un anillo- y tenía todo organizado para no ir. “No voy a rendir cuentas a estos hijos de puta”, pensaba. Era como Tupac Amaru rindiendo cuentas ante los gringos. Para mí era lo mismo. Nosotros no robamos, dignificamos. Si hacía falta una pileta, hacíamos una pileta. Nadie robó. Una vez pedí hablar con los jueces. Me atendió Isidoro Cruz, premiado por imputarme. “Den la libertad al resto de mis compañeros y denme un revólver, que yo sé lo que tengo que hacer”, le dije.
La escuchamos en silencio. Noro toma la posta  del relato.
-“Nunca un detenido me había dicho algo así”, cuentan que le dijo Isidoro a un colega. “Pero tené en cuenta que es política, sabe como impresionar”, le respondió el otro. “¿Vos crees que lo hubiera hecho?” “Sí –dijo Isidoro -ella lo iba a hacer”.
-Cuando los compañeros supieron que no quería ir a declarar, empezaron a caer todos enojados y llorando- dice Milagro. -Horacio Verbitsky me llevó a caminar y me habló una hora. Al final reculé y llamé a Lucho para avisarle que iba.
Túpac Amaru II, fue un caudillo indígena, líder de la mayor rebelión anticolonial que se dio en Hispanoamérica durante el siglo XVIII. La “Gran rebelión” se inició el 4 de noviembre de 1780 y se desarrolló en el Virreinato del Río de la Plata y el Virreinato del Perú. Tras ser capturado el 6 de abril de 1781, fue llevado a Cuzco encadenado y montado en una mula. Un día, durante el encierro, el visitador José Antonio de Areche, autoridad del interrogatorio y ejecución enviado por el rey Carlos III de España, entró intempestivamente al calabozo para exigirle, a cambio de promesas, los nombres de los cómplices de la rebelión, Túpac Amaru II le contestó: “Solamente tú y yo somos culpables, tú por oprimir a mi pueblo, y yo por tratar de libertarlo de semejante tiranía. Ambos merecemos la muerte”.
La idea de la muerte había pasado por la cabeza de Milagro. Pero se plantó ante sus acusadores, habló y mostró toda la fuerza de su vida.


* * *


-A mi me criaron en un buen hogar, no nos faltaba casi nada. Pero me fui de casa cuando me enteré que mis padres no eran mis padres. Mi papá era español y mi mamá boliviana. Me enseñaron que un hijo debe hacer respetar el apellido. A las diez de la noche me sentía mal. Quería ampliar mi declaración, defender mi apellido. Me daba vergüenza que pensaran que lo que decían los testigos fuera cierto. Tengo hijos del corazón. Sólo les pido que estudien. Tuve en mi casa al hijo del hombre que me estaba ensuciando y y lo hice estudiar.
Vuelve desordenada sobre su historia, se sigue buscando. Es la muchacha que ante la verdad de su adopción, huyó de su familia para vivir en la calle. Vivió por años en el margen y a los 18 años de edad fue arrestada junto a otros jóvenes. “Cuando estaba en la cárcel me puse a pensar que así como el poder era injusto conmigo, con cuántos chicos humildes también era injusto. La Justicia es justa con los que tienen plata, y con los que no tienen, no. Entonces me juré ahí en la cárcel que el día que saliera iba a luchar para que no hubiera más injusticia”. Y nació la militante.
Nos recuerda el dilema entre la militancia universitaria y ATE. Militó en AJI20 en la Facultad de Humanidades. Pero la militancia gremial se la disputaba y la invitaron a la escuela de capacitación gremial de ATE.
-También estuve un mes en Cuba, en Santa Clara. Allí me encontré frente a algo que me desconcertó: una escuela para dos alumnos. “¿Tiene sentido una escuela sólo para dos alumnos?”, pregunté. “¿Y cómo sabemos si uno de ellos dos no será el sucesor de Fidel?”, me respondieron. Todos merecen su oportunidad. Y pensar que aquí alguna vez se volteó una escuela en el monte porque sólo tenía setenta alumnos.
Después de aquella experiencia, me quería ir a vivir a Cuba. Se lo dije a Nando Acosta, mi mentor y mi hermano. “Cuba… ¡qué fácil ir a Cuba! –me respondió. “Allá no se padece lo que acá. En este lugar sos necesaria”. Me moría de ganas de irme pero me convenció.
Aquella muchacha decidida a irse a Cuba supo escuchar y terminó quedándose. Esta mujer decidida a no declarar, otra vez oyó y se plantó con su verdad frente al tribunal.
-Me afilié a ATE y nos juramos lealtad. Teníamos que decidir como repartirnos la tarea. Yo conocía todo el villerío y quería acción como en Cuba.  Trabajamos con los que no trabaja nadie, con el pibe que está tirado tomando cerveza en la esquina.
- A los pibes de las bandas de redoblantes, después de las marchas se los llevaba a la casa- recuerda Noro. -Congregar a los jóvenes está en su naturaleza.
Miro todas las caras. Estamos en una cárcel y sin embargo me doy cuenta que estamos felices. Alguien dirá después que Milagro ha convertido el patio de la prisión en un lugar muy parecido a su casa. La mención a los redoblantes despertó las ganas de cantar en las compañeras de la TUPAC. Empiezan en voz baja y van tomando coraje con la travesura. Es un cantito para bancar a Milagro.
-A Néstor le pedimos plantes trabajar. “No, te doy trabajo”, nos dijo. “Quiero que construyan sus casas”. Nos organizamos y decidíamos a través de los delegados. Así construimos las piletas en los barrios Tupac y Belgrano. Con las cooperativas, levantábamos nuestras viviendas y teníamos trabajo. Los muchachos de la villa manejaban su platita. Nunca nadie les había dado vacaciones. Casi ninguno conocía el Mar. Fuimos a Mar del Plata al Congreso de la CTA. Llegamos de noche, en cinco colectivos. Nos fuimos todos al mar de noche. “¡Mirá que río grande!”, dijo Pachila. Algunos no fueron a dormir al hotel y amanecieron en la arena.
Con Milagro conocieron el mar. Con las piletas fue como traerse el mar al barrio.


                                     * * *


“La encontré bien. La encontré asumiendo el rol. En realidad, no sé si fue Hugo Von Hofmannsthal o alguno de ellos que dijo que el desastre no trabaja para sí, sino que abre el espacio a la grandeza. Algo así pasa con el liderato. Milagro está asumiendo la condición de una personalidad de dimensión nacional y continental. No es fácil. Creo que en algún momento no entendía bien que le pasaba. Lo está entendiendo, lo está asumiendo. Es difícil porque uno pierde autonomía, siente que lo llevan los otros. Pero bueno, son los otros que la han hecho, y Milagro es una mujer que está a la altura de eso”.
 Solté el ícono del micrófono y el audio con la voz de Raúl viajó al whatsapp del productor de Víctor Hugo. A medianoche, de pie en el hall de Aeroparque y ya cansado, había redondeado en ese párrafo de manera brillante lo que ya había expresado varias veces durante el día.


* * *

-Milagro, te convirtieron en una líder regional-. Raúl Zaffaroni se lo dijo varias veces en el encuentro. También le pidió que escribiera.
La hora de finalización de la visita llegó y en los últimos minutos, Milagro caminó por el pasto a solas con el diácono. Ya nos había dicho al llegar que le hacían bien esas conversaciones. Luego el religioso conversó con sus compañeras de detención. Ellas también necesitan voces y afecto para sostenerse.
Dejamos el pabellón y les pedí a Laura y María, que cargaban los tuppers vacíos y dos pequeñas banderas de la Tupac, que me enseñaran el cantito que habían entonado en el patio. Al doblar por la calle de tierra hacia la entrada, Milagro y sus compañeras nos saludaban con los dedos alzados en V. Agitamos nuestras manos y comenzamos a cantar para que nos escuchara.


“Acá me ves acá me tenés
somos las tupaqueras te vinimos a ver
vinimos a demostrarte que no te fallé
voy a dar la vida por verte otra vez”.



* * *


Cuando sale al patio, le gusta caminar descalza y pisar la tierra. La beba de la cajita, la muchacha que se fue de casa, pisa con sus pies desnudos sobre el suelo de su valle y se busca.
“Pachamama es la naturaleza, y se ofende cuando se maltrata a sus hijos. Con ella se dialoga permanentemente, no tiene ubicación espacial, está en todos lados, no hay un templo en el que vive porque es la vida misma”, escribió alguna vez Raúl Zaffaroni.
Milagro camina y dialoga con su tierra. Sus pies llevan siglos de búsqueda en la memoria.

domingo, 20 de noviembre de 2016

EMILIO Y SU CARA DE PRESIDENTE



“¿Tengo cara de Presidente del Banco Central yo?”
Leo la frase de Emilio, imagino su retrato colgado junto a los de sus antecesores en los pasillos del Banco y me río solo.
-¿Y por qué no?- digo después en voz alta.
Sí. Emilio Pérsico me hace hablar solo. Estoy frente a la PC leyendo el reportaje que Martín Granovsky le hizo para Página 12 después de la movilización de 200 mil personas en Plaza de los Congresos y me doy cuenta que Emilio sería un gran presidente del Banco Provincia, del Banco Nación o del Banco Central.
Releo el reportaje. “El estado debe regar la pradera”. Deformación de escritor, me engancho con la fuerza poética de la frase. Pero no es sólo poesía. “Nosotros no buscamos que reviente, porque los que más sufren son nuestros compañeros. El capitalismo acumula gracias a las crisis. En cada crisis nacen más millonarios manoteando a miles de humildes. Se vende menos leche y más champagne. No queremos retrocesos. En mi barrio de una villa de San Fernando, donde vivía, pasó la revolución de las ventanas con Néstor y con Alicia Kirchner. Antes no había ventanas. Con el gobierno anterior estábamos muchísimo mejor”.
¿Para qué nos sirven los presidentes de los grandes bancos o de la Nación misma si no saben lo que pasa en los barrios?
“En las villas resistimos el bombardeo del paco y la birra. La birra es una droga socialmente aceptada y genera mucha violencia. Mata. Hay que ponerle un impuesto para que sea muy cara. Y bajar la leche”.
¿Si la década ganada fue tan buena, por qué perdimos? Emilio tiene un saldo muy claro de lo que conseguimos en esos años, de lo que nos faltó y de lo que tenemos por delante.
“Con los siete puntos del PBI distribuidos por Cristina entre los humildes las casitas dejaron de ser de chapa y pasaron a ser de material y con ventanas. Lo mismo en el campo. El Anses llegó hasta El Impenetrable. Los campesinos empezaron a tener una motito para llegar al pueblo. Ya sabemos que los planes no deben ser para siempre, que el 80 por ciento de la sociedad no puede vivir del consumo del 20 o lo que consume un solo sector económico. Hace falta un proceso productivo de baja intensidad, de mucha mano de obra, de poca energía, de consumo. Discutamos estas cosas. Atemos el mínimo no imponible al salario mínimo, vital y móvil, así podemos construir la unidad de la clase. Por eso estamos en el proceso de unidad con la CGT. Es más profundo que discutir planes. Discutimos un nuevo sujeto social. El 40 por ciento de los trabajadores que se autoinventaron el trabajo son un nuevo componente. Poetas sociales que inventan trabajo, dice Francisco de los que otros llaman free lance”.
¿Quién fue el presidente del Banco Central del primer peronismo? Miguel Miranda. Estuvo al frente del BCRA y del IAPI. ”Los ferrocarriles se consiguieron con la habilidad extraordinaria de Miguel Miranda”, escribió Perón.  Trabajó con él en la elaboración del segundo Plan Quinquenal y el General lo consideraba “un verdadero genio”. Quizá necesitemos otro tipo de caras –y de cabezas-  al frente de nuestros bancos para avanzar en serio. ¿Para qué queremos dirigentes políticos, gremiales y sociales,  para qué queremos presidentes de bancos y de naciones si no es para que se pongan en nuestro lugar, piensen qué sucede con nuestras vidas, traten de entender lo que nos pasa y busquen caminos que nos ayuden a crecer desde nuestras propias fuerzas?
“El buen dirigente sindical es el que logra avanzar. El buen diputado opositor es el que construye mayorías para sacar leyes a favor de los intereses populares. ¿O el buen sindicalista es el que no se sienta en ninguna mesa? Y los políticos están en deuda. Las leyes de triunfo las hicimos de afuera del Congreso para adentro. La ley de emergencia laboral primero y ahora la de emergencia social. Al principio no iban a las reuniones. ¿Así que el que habla y negocia es traidor? Conseguimos un bono de 400 pesos para todos. Conseguimos que ningún plan sea menos de la mitad del salario mínimo, vital y móvil. Aumento cinco veces el bono del desempleo. E institucionalizamos nuestro diálogo. Al conflicto no hay que tenerle miedo, hay que desarrollarlo y tratar de meterlo dentro de Estado para darle solución positiva y si no es positiva, que sea intermedia, pero nunca negativa, porque a la tercera vez los compañeros no te acompañan”.
“No basta con que la burguesía les diga a los trabajadores cómo se solucionan los problemas. La base del proceso revolucionario es darles poder a los trabajadores para que soluciones sus problemas”.
Emilio nunca está lejos. Quien se lo proponga puede conversar y discutir con él. Y es parte de todas y cada una de las discusiones y luchas que se dan desde la base. En el último Congreso del Evita se discutió mucho la cuestión de género, incluso con críticas a la conducción. Si sabe decir, es porque sabe oír.
“Hoy la mayoría de las familias nuestras están llevadas adelante por las compañeras. Están explotadas por ser mujeres, por ser trabajadoras y porque el chabón las dejó solas y se tienen que hacer cargo de todo. Cuando votó el matrimonio igualitario, Néstor dijo: “Hemos puesto el peronismo en el lugar de donde nunca se tendría que haber ido” Yo creo en eso”.
Emilio dice que los chicos van encontrando cosas nuevas y que el lugar del peronismo es hoy. “Creo en discutir cómo fundamos escuelas de doble de turno, porque en estos años las únicas escuelas de doble turno que hay en los barrios son las que hicimos nosotros. Son buenísimos nuestros bachilleratos populares. Dos maestros por grado. Un magisterio propio, con más egresados que los otros. Hoy tenemos que construir un nuevo bloque social, eso también tiene que empezar a ser parte de la discusión de la política, ¿cuál es ese nuevo bloque social? ¿Cuál es la burguesía nacional que queremos? ¿Cuál es el empresariado que queremos? ¿Cuán es la clase de trabajadora que queremos? Eso es lo que tenemos por delante”.
Cita a Francisco para decir que el trabajo debe ser el organizador. No sólo el del capitalismo clásico, porque desde el pueblo el trabajo se reinventa día a día.
“Es el que garantiza la mesa donde se come. La propia Cristina dijo en un acto que el 47 por ciento de los hogares argentinos recibía más dinero del Anses que de sus propios trabajos. Está muy bien para la emergencia, y lo digo con enorme agradecimiento a Cristina, porque en ningún otro país de América Latina se destinó un porcentaje tan grande del PBI, del siete por ciento, para los sectores populares. Pero no está bien que el Estado en manos de las corporaciones te robe el trabajo, después la comida, después el estudio y después la política. Los planes sociales me hacen acordar a esas películas de África que te muestran cómo el neoliberalismo destruía todo y después los helicópteros yanquis tiraban comida para que abajo se mataran por ella. No es bueno vivir esperando el helicóptero que desde Estado tire planes sociales a la villa. La sociedad se hace más violenta”.

Miro a Emilio mate en mano en la foto del reportaje. ¿Por qué no presidente del Banco Central o de Argentina misma? Necesitamos en esos lugares a los que se animan a soñar en serio.

martes, 27 de septiembre de 2016

LOS DRAGONES Y EL VUELO DEL ÁNGEL


Entra, cierra la puerta, deja la cartera en el sillón y se queda mirando como el departamento se despereza en el resplandor de la mañana soleada. Recorre sus objetos, los de su pequeña, los de ambas. “¿Quiénes vivimos aquí? Por momentos, una mujer y una niña. Otras veces, dos mujeres. Y otras, dos niñas. Dos niñas y un pequeño dragón”.
La perrita ladra y se para en dos patas. Le hace un mimo y le da una galletita. Enciende el teléfono y escribe: “Me voy a dormir”.

Eso hace. Pasa por el baño y luego se desviste y se acuesta. Se tapa con la manta dando la espalda a la ventana y se duerme. Sueña. Un dragón en  blanco y negro da vueltas en su cielo. Otro tornasolado permanece junto a ella. Una tortuga de porcelana la observa en quietud eterna. ¿Y el ángel? ¿Dónde está el ángel? Se sobresalta. Mira al dragón. “Un ser cósmico en espera… ¿Dónde leí eso?”. Sonríe. La tortuga saca la lengua. El dragón vela por el orden del universo mientras el ángel apenas aprende a volar.