martes, 10 de julio de 2018

NOSOTRES



A veces utilizo arroba. Nunca x. Alguna vez resolví una discusión en torno a un cartel utilizando el femenino como género englobante (aunque los sabios de la Real Academia hasta el día de hoy afirman sin rubor que ese carácter corresponde al género masculino).
Sé que cambiar sustantivos, adjetivos y pronombres, modificar nuestra manera de hablar como ya lo intentan algunas militantes de la cuestión de género, puede resultar arduo para algunas personas, ridículo para otras.
No hablo con la “e” y observo con atención el debate. Pero el otro día, mi hija se apareció con el tema porque varias compañeras de 5º grado, alguna de las cuales llevó su pañuelo verde al aula, plantearon entusiastas la cuestión.
En inglés los sustantivos no tienen género. Teacher vale tanto para Tabarez como para Mary Sánchez. En nuestro idioma, en cambio, lo tienen y hasta la exageración. Nadie podría explicar razonablemente por qué pala es femenino y banco, masculino. Tampoco pretendo con esta afirmación descubrir connotación machista en ello. Bien pueden enseñarnos las afroamericanas estadounidenses que esa diferencia idiomática no las libró de ninguno de los tormentos patriarcales.
Poner esa transformación en marcha no es tarea sencilla. No sólo por el cambio cultural y educativo que demanda. Un lenguaje es una estructura lógica y plantea más cuestiones a resolver que las que quizá imaginamos. Por ejemplo, ¿se limitaría la utilización de la e a las afirmaciones en las que es necesario englobar a ambos géneros o se establecería siempre? ¿Podría una mujer seguir diciendo “Me siento sola” o un hombre “yo soy tu amigo fiel”? Creo que sí, que aún quedaría trabajo para la a y la o, pero quizá alguien piense diferente.
Es un debate que recién empieza. Creo que es valioso, en la medida que no se crea que ése es el eje de la cuestión de género. No está mal atreverse al idioma, en la medida que nos ayude a comunicarnos mejor.
De mi parte, quiero efectuar un pequeño aporte. Quizá alguien ya lo hizo antes, tal vez no. Pero así quedaría el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional si le incorporáramos esa perspectiva de género:
“Nos, les representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunides en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotres, para nuestra posteridad, y para todas las personas del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina”.

lunes, 9 de julio de 2018

LA INDEPENDENCIA NO ES UN DÍA



¿Qué aprende una niña entrerriana, misionera, cordobesa, santafesina o correntina? Lo mismo que un niño porteño o tucumano: que el 9 de julio de 1816 es la fecha histórica de declaración de nuestra independencia. Sin embargo, las provincias de esas niñas no estuvieron en el Congreso de Tucumán. ¿Por qué?  Porque habían participado del Congreso de los Pueblos Libres y se habían declarado independientes de toda dominación extranjera el 29 de junio de 1815 en Arroyo de la China, la actual Concepción del Uruguay. El relato oficial retacea a las niñas y niños del litoral y de todo el país que la historia es más compleja, que la lucha por la independencia tuvo visiones y posturas encontradas y que los intereses porteños fueron contrarios a la idea de una confederación de pueblos libres que impulsaba y lideraba José Gervasio Artigas. Aquélla fue la primera declaración de independencia del Río de la Plata y sin embargo, permanece oculta.
No se trata de contraponer una declaración a la otra. A pesar de las diferencias y enfrentamientos, ambas pueden valorarse como complementarias. Pero no encontraremos rumbos razonables en el presente si nos resignamos a un relato histórico que, como en la realidad actual, pretende instalar una única verdad y suprimir todas las expresiones que no coincidan con ella.
¿Por qué los unitarios vencedores en el siglo XIX y rebautizados liberales en el XX decidieron ningunear aquella declaración de independencia?
Mientras los delegados al congreso de San Miguel  de Tucumán fueron elegidos “a dedo” por las familias dominantes de las provincias concurrentes, para los del congreso “de Oriente” se estableció un sistema de elección de representantes que bien puede ser considerado como antecedente de la Ley Sáenz Peña. Los ciudadanos de cada departamento votaban sus representantes  bajo cubierta cerrada y sellada (sobre en blanco) que eran depositados en una urna. Aquel sistema de sufragio universal ignorado por la historia oficial constituyó una novedad absoluta en todo el planeta.
En Tucumán, el debate estuvo centrado en la forma de gobierno con consenso mayoritario en la monarquía constitucional frente a la amenaza del respaldo de la Santa Alianza a Fernando VII y con actitud negociadora frente al avance luso brasileño hacia la Banda Oriental.
En Concepción del Uruguay  se  discutieron la política agraria y el comercio interprovincial y con el extranjero. Se  decidió confeccionar un Reglamento para el fomento de la campaña, poblada por inmensos latifundios que despoblaban y no explotaban las pampas litorales. El Reglamento fue aprobado el 10 de septiembre de 1815 y constituyó la primera reforma agraria de  Latinoamérica.  Disponía la confiscación de propiedades de “malos europeos y peores americanos”,  adversarios de la revolución patriota,  para distribuirlas entre las bases populares que constituían la fuerza del artiguismo. “Los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia”, disponía su artículo 6º.. El artículo  7º establecía que “serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieran hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y éstos a cualquier extranjero”.
El Congreso de Oriente se destacó por la participación de representantes de pueblos originarios. Los representantes guaraníes de las Misiones participaron en igualdad, algo que se había declamado sin concretarse en la Asamblea del Año XIII. “Usted dejará a los pueblos elegirlos con plena libertad para su satisfacción”, escribió Artigas a Andresito Guacurari, quien de inmediato lo comunicó a los pueblos indígenas a su cargo: Santa María la Mayor, San Javier, Santos Mártires, San José, San Carlos y Apóstoles, antiguas reducciones jesuíticas.
Por razones de distancia, los representantes de las Misiones llegaron unos días más tarde y fueron recibidos en Concepción del Uruguay por José Artigas. Allí sesionaron en su propio idioma y ratificaron las decisiones del Congreso.
“He recibido a los diputados con todo aquel afecto que esos pueblos me merecen. Si no he hecho más en su obsequio, es porque nuestra miseria presente no nos permite extendernos a más. Sin embargo, ellos dirán a usted cuanto yo he hecho por agradarlos”, escribió Artigas a Andresito, reconociéndo la “exactitud con que Usted ha invocado los pueblos y  la liberalidad con que ellos han correspondido a nuestros votos”.
Eustaquio Aresayú y José Evaristo Aybú representaron a Santa María, Mariano Ñanduty a San Javier, Miguel Ibayú a Mártires y Tomás Yutipá a San Carlos. Además, Artigas menciona a A ndreés Yacabú, con el que le manda a su hijo adoptivo “un par de pistolas para que las use en su nombre”.
José Gervasio Artigas había adoptado legalmente a aquel joven Guaraní nacido en Santo Tomé o en Sao Joao Borja y que había luchado junto a Manuel Belgrano en su fallido intento por liberar Paraguay y la lucha por la independencia y la libertad de los pueblos fue una constante de sus vidas.
Si la historia oficial se aferra a un relato destinado a sacralizar los privilegios de unos pocos, recordar aquella Declaración de Arroyo de la China este 9 de Julio sirve para reafirmar que la Independencia no es un día y que la lucha de Artigas y Andresito sigue viva.

jueves, 3 de mayo de 2018

EL SUICIDIO DE UNA NIÑA


“Lomas de Zamora: una nena de 12 años se suicidó con el arma de su padre. Investigan si era víctima de bulling en el colegio. Citan a declarar a autoridades educativas”.
El tuit del periodista policial Mauro Szeta irrumpió en la calma del martes 1º de mayo al mismo tiempo que la noticia circulaba en textos y audios de whatsapp entre padres y familiares de alumnos del colegio de la niña y de otras escuelas de Lomas de Zamora.
Al pie del tuit, al momento de escribir estas líneas, hay 172 Me gusta.
Es decir, 172 personas, con descuido, desaprensión, indolencia, distracción o hábito casi compulsivo de clickear corazones, dicen Me Gusta frente a la noticia del suicidio de una niña.
El periodista subió horas después dos tuits más, informando que el fiscal citaría a declarar a las autoridades de la escuela a la que concurría la niña para ver si habían existido advertencias de bulling y que los alumnos de la escuela invitaban a llevar algo de color negro en memoria de  su compañera de primer año. En el twitter del Centro de Estudiantes de la escuela se ve la invitación con el nombre de la niña sobre fondo negro. La cuenta denota un centro de estudiantes activo, que tuvo elecciones recientes y que lleva adelante una campaña de solidaridad con un merendero con el que colaboran.
A medida que pasaron las horas, la noticia fue recogida por otros medios y en las crónicas se manejaron  hipótesis sin confirmación que no necesariamente se excluyen entre sí: mientras algunas voces pusieron énfasis en que era víctima de bulling, otras prefiereron enfocarse en el ámbito familiar.
¿Cómo se llevaba con sus compañeros? ¿Qué hace la escuela frente a señales de alerta de sus alumnas? ¿Sufría mucha presión familiar? ¿Había dado indicios de su idea? ¿Por qué había un arma en el hogar? ¿Cómo es que la niña tenía acceso a ella?
La preocupación de cientos de personas, la mayoría de ellas madres de niñas y adolescentes en edad escolar, de la escuela de la niña o de otras escuelas de la zona sigue creciendo en mensajes de sorpresa, incredulidad  angustia y miedo.

Suicidio en adolescentes, problema que crece
¿Es el de la niña un caso aislado? El suicidio se lleva la vida de más de 500 adolescentes cada año en la Argentina. Ya es la segunda causa de muerte por causas violentas en chicos de 10 a 19 años. Desde los 90 hasta 2015, la tasa de suicidios en jóvenes se triplicó en el país (pasó de 2,5 por cada 100 mil habitantes a 7,4 cada 100 mil), según surge del informe “Situación de la salud de los y las adolescentes en Argentina” elaborado por el Ministerio de Salud de la Nación y Unicef sobre la base de estadísticas de organismos del Estado. Si es así, ¿alguien puede identificar una política de estado concreta y reciente destinada a prevenirlo?

Pensando en nuestros hijos
Pensar en la decisión de la niña implica que los interrogantes de madres y padres se proyecten sobre sus propios hijos. No es sólo preguntarse cómo procesarán la noticia. También, cómo se los educa, a qué presiones se los somete, qué se pretende de ellos.
No siempre encontramos el mejor camino para las expectativas les tiramos encima. No siempre están en condiciones o dispuestos a cargar con ellas.
¿Qué hacemos cuando les cuesta el aprendizaje, cuando se comunican poco, cuando no destacan en el deporte que le hacemos jugar, cuando son gorditos o desaliñados, rebeldes o indisciplinados?
¿Cuánto tiempo les dedicamos? ¿Qué sabemos de sus soledades? En los momentos que compartimos,¿ los oímos de verdad o sólo les marcamos el camino que pretendemos para ellos? ¿Estamos atentos a las preocupaciones, angustias y miedos que aparecen en sus pensamientos? ¿Cómo reaccionamos cuando nos enteramos que tienen un problema, son maltratados o forman parte de un grupo que juega a maltratar a alguien por exhibir alguna diferencia?
¿De qué sirven las armas en un hogar? ¿Realmente son útiles para que nos sintamos menos inseguros? ¿Cómo se proyectan sobre nuestros hijos el peligro, el miedo y la incertidumbre que abren la posibilidad de que alguien, alguna vez, utilice esa arma guardada en algún cajón de la casa? Naturalizamos que jueguen a matar en la Play. Tal parece que no vivimos más seguros entre tantas armas.
Ella ya no está. Su muerte es irreparable. Pero están sus compañeras y compañeros, están nuestras hijas e hijos, estamos nosotros.
Puede que nuestros hijos estén más solos de lo que sabemos. Puede que no lo estemos haciendo tan bien como creemos, que no los estemos escuchando lo suficiente o que los estemos presionando de más  
Podemos mirar para otro lado o hacer click en el corazoncito y poner el Me Gusta 173.
Alguien habló del sinsentido de una decisión que, sin embargo, nos puso  a pensar en el sentido de nuestras vidas.







martes, 3 de abril de 2018

MUGRE


Mugre, óleo de Connie Pini

El negocio del Sr. X era la mugre.
No sólo la repartía a domicilio, la esparcía por las calles, la hacía volar por el aire, la posaba sobre la ciudad como niebla o ceniza volcánica.
También había logrado que su mugre vibrara en las pantallas, se escribiera en los zócalos, se respirara en los teléfonos, se declamara en las radios.
Mugre de personas, mugre de pasados, mugres inventadas, mugres inexistentes, mugres de unos derramadas sobre otras, mugres espiadas, presumidas, mugres deseadas.
Tanta mugre que la mayoría de las personas no conseguía hablar de otra cosa que de mugre.
Así siempre hasta que un día, a cara descubierta y a plena luz del día, alguien edificó de la nada una montaña de mierda en su hermoso jardín. Se ve que la imagen del frente de su casa repleto de heces tenía algún tipo de atractivo, porque las personas se acercaban a mirar, le tomaban fotos, las compartían con otras personas y, al menos por unos días, eran pocos en la ciudad quienes no hubieran  visto la montaña o no hubieran hablado de la escandalosa mugre del Sr. X.
-¿Cómo es posible esto? ¿Acaso hay impunidad para llenar de mugre la vida de un ciudadano honorable?- se indignó. Redactó quejas, elevó protestas, habló de su buen nombre y honor, acusó a brujas de ayer y a magos de hoy.
“No se puede vivir más así”, gritó.
Pero siguió. Había quedado manchado y su negocio ya no era él de antes, pero no sabía hacer otra cosa que vivir de la mugre.


lunes, 29 de enero de 2018

ARTESANOS DE LA UNIDAD


Están quienes descreen de la unidad como un laborioso acuerdo de diversos. Creen que hay que generar una identidad política clara desde la cual enfrentar al gobierno y qué, cuando llegue la hora de la definición y predomine en la sociedad el hartazgo sobre la esperanza, será esa identidad política la que estará en condiciones de derrotar al macrismo. La principal figura que expresa esa lógica y, hasta aquí, la principal dirigente de la oposición en términos de conocimiento y posible respaldo electoral, es Cristina Kirchner.
Otros, en cambio, creen que la unidad es un desafío imprescindible y que el liderazgo de Cristina conduce a una nueva derrota. Recuerdan la sucesión de traspiés electorales, señalan que la ex presidenta tiene, en términos de posible intención de voto, el “piso muy cerca del techo” y señalan no sólo que no ha mediado una autocrítica seria, sino también que no existe ni vocación ni convicción por sanar heridas y tender puentes en pos de la unidad.
También están los que apuestan. Tienen una identidad y una historia peronista, con las contradicciones que eso puede suponer, pero ante esta nueva realidad miran lo que sucede y no quieren volver a equivocarse. Ven a Cristina como un problema, ven al peronismo en una dispersión difícil de revertir, les gustaría tener otro nivel de diálogo y de acuerdo con este gobierno pero cada vez advierten con más fuerza que tarde o temprano los arrasará. No descartan nada, hacen gestos contradictorios y esperan.
Tres párrafos. Tres pinceladas gruesas que pueden incluir a muchos pero que seguramente dejan afuera algunos otros. Tres breves descripciones que soslayan adrede la heterogeneidad que se alberga en cada uno de ellos y los cambios que puede llegar a deparar la versatilidad de algunos protagonistas.
En estos días, atacado por el gobierno, Hugo Moyano afirma que Cristina debe estar. Surge un espacio de diálogo que nuclea a referentes kirchneristas, randazzistas y del massismo, pero que a su vez es cuestionado por distintas voces, algunas desde el anticristinismo, otros desde la fidelidad a la ex presidenta.
Un grupo de intendentes estrenan su nuevo rol de conductores del peronismo bonaerense e interlocutores ante el gobierno y empiezan a encontrar dificultades. No será fácil llevar a todas y todos a los lugares que propongan. Y en esa tarea, no parece asomarse un liderazgo capaz de aglutinar expectativas crecientes para lo que viene. ¿Un candidato a gobernador en abril? Los primeros nombres empiezan a ser expuestos al riesgo de desgaste.
Si esto fuera un test o una encuesta y los párrafos sirvieran para ubicarnos,  estoy entre los del segundo párrafo. Si se pregunta a quienes están en ese espacio cuál es el principal problema que afrontan, probablemente dirían que es la falta de un liderazgo capaz de expresar esa visión de la realidad y de aglutinar al conjunto con perspectivas de derrotar al macrismo.
Sin embargo, quizá haya otro mayor, común a los tres grupos. Sus  protagonistas no parecen tener aún conciencia suficiente de la gravedad de lo que sucede y aunque dialogan, tienen más desconfianza que ganas de oírse. Entienden lo de la unidad, pero en sus comportamientos está claro que cada uno atiende su juego y que atender el juego propio tiene a la unidad como una posibilidad y no como eje. Y cuando cada cual atiende su juego, quien más posibilidades tiene de regular, condicionar y operar sobre esos distintos juegos es el gobierno.
Pero además, esos juegos no tienen registro de lo que sucede en la sociedad. Si todos se reúnen con encuestadores, hacen o miran focos, conversan con pensadores, ¿por qué sólo consiguen de eso conclusiones de coyuntura, de aliento corto, de posicionamiento ocasional?
En los barrios, en los trabajos, en las rutas, en las playas, en los valles, en los ríos, en los barcos, en los trenes, en los aviones, se mueven miles de personas a las que no estamos consiguiendo decirles algo que los involucre.
El capitalismo en esta etapa neocolonial sigue avanzando en desterrar  la concepción y los derechos propios de la etapa del bienestar. Nuestros jóvenes casi ni imaginan la posiblidad de un empleo estable y están obligados a vivir y sobrevivir en una realidad económica y laboral frágil y cambiante. Viven esa vida, se piensan en ella y cada vez están más lejos de muchas de las cuestiones por las que luchamos, que parecen ajenas al mundo que viven. Como en Blade Runner, corremos el riesgo de ser barridos fuera de la historia y puede que éste sea uno de nuestros momentos más difíciles.
¿Qué entendió Moyano? Que los que vamos por todo no somos nosotros. Que los que vienen por todo, son ellos. Se están cargando la realidad que expresan los protagonistas de cada uno de esos tres párrafos del inicio. Entonces, sin unidad, no hay salvación para ninguno ni ninguna.
Paciencia, tesón, diálogo, trabajo y lucha. Necesitará mucho de eso una construcción plural que no proscriba a nadie. No es imposible.
“El vacío y la política no se toleran. Es el Pueblo el que resolverá esto”, dice Raúl Zaffaroni. “Francisco nos convoca a ser artesanos de la unidad”, dice Marcelo Riera, expresando el entusiasmo de medio millar de representantes de organizaciones sociales  que viajaron a Temuco al encuentro del Papa. 
Artesanos de la unidad. Es eso: un arte que depende de nuestras manos. La razón populista tiene que encontrar su mejor voz para esta etapa de la historia.

martes, 23 de enero de 2018

UN HOMBRE SOBRE RULEMANES



Un hombre sin piernas tocó a mi puerta para venderme un cesto metálico para la basura. 

El timbre sonó y me asomé  sin usar el portero eléctrico. Frente a la puerta de calle me encontré,  a la altura de la cerradura, con la mirada de un tipo parecido a Carlos Santana que se sostenía erguido sobre una tabla con cuatro ruedas de rulemanes, como los cartings que nos inventábamos cuando éramos niños.
-Ya tengo un cesto- dije señalando con los ojos el armatoste de hierro  plantado junto a un poste telefónico . Tenía espacio para dos bolsas de consorcio  llenas y tapa para evitar que las rompan los perros.
Los que él ofrecía los llevaba un chico de no más de doce años en el canasto de un triciclo de reparto. Eran para bolsas pequeñas y estaban pintados de negro.
- Ya lo ví- respondió con un dejo de amargura. -Pero yo necesito venderlos para que mi hijo pueda seguir estudiando.
Me quedé mirándolo. Es increíble la cantidad de pensamientos que caben en unos pocos segundos. "¿Tengo que tener dos cestos para que estudie el chico? ¿Es justo que me ponga en situación de no poder negarme? ¿Cómo habrá perdido las piernas?  Vende sólo eso, no puedo ofrecer comprarle otra cosa. Ni darle alimentos o un poco de dinero. Está trabajando y no mendigando. Mejor le digo que no y punto".
-¿Cuánto valen?
-Mil. 
Mil. Hace meses que mil no es mucho. Pero dolió  oírlo. ¿Mil pesos por abrir la puerta para que me vendan algo que no necesito? ¿Quién dijo que está bueno quedarse en casa un sábado?
-¿Le vas a comprar, papá?  - preguntó mi hijo mirándome con ojos de perro triste. Me siguió al verme abrir la puerta y se paró a mi lado lleno de curiosidad. "¿Está bien que él vea la tragedia de este medio hombre?", pensé sin evitar que permaneciera. Llevamos poco más de 4 años en esta casa de Burzaco. Le   caímos bien a la dueña y nos ha renovado el contrato de alquiler  sin problemas. Sólo él y yo vivimos aquí y desde que calmé la curiosidad  de la mujer contándole brevemente nuestra historia, comenzó a cuidarnos con sigilo y a distinguirnos con pequeñas atenciones.
"Pobre, sin su mamita", me dijo una vez en voz baja mientras lo miraba andar en bicicleta por la vereda. La conversación no pasaba de eso, porque no le respondía con más que un suspiro profundo o un gesto de circunstancia. El alquiler es barato y nos permite vivir con los trabajos que hago desde mi casa por la web y con la renta  de nuestra vieja casa, donde no queremos vivir. Así, puedo estar todos los días dedicado a mi hijo. Somos inseparables y nos llevamos bien. 
-Usted me mira sobre mi tarima y se preguntará que pasó con mis piernas -dice y pienso que no quiero que mi hijo oiga esa historia. -Fue un tren- agrega sin darme oportunidad a decir algo-. Las ruedas me partieron al medio. El tren pasó y yo veía mis piernas entre las vías apoyado sobre estas manos. La gente se juntaba a mi alrededor a mirarme y yo pedía a gritos que alguien me mate. Pero no se apiadaron de mí y me salvaron. Ya pasaron veinte años de eso. En aquellos tiempos no hubiera podido imaginar que iba a ser padre alguna vez.
-Terrible.
Me escuché decir esa palabra. Terrible. Pero no estaba impresionado o conmovido, quiza porque vivía bastante insensibilizado. Me preguntaba si la historia era cierta. ¿Por qué la suspicacia? ¿Por qué no creerle sin reservas? Mi hijo no dejaba de mirar al hombre. Él le había creído. Sabía de pérdidas demasiado para su edad.
-Se lo dejamos colocado donde usted diga -insistió balanceándose sobre el carrito al tiempo que apoyaba las manos sobre las baldosas de la vereda-. Mi hijo hace la colocación.  Y se lo dejo a 800.
Para eso era la pala asomada en el triciclo. El niño permanecía de pie junto a él, atento y en silencio. Un niño junto a su padre. Como mi hijo junto a mí. No quedaba más para agregar. Sólo restaba que respondiera si iba a comprar un cesto que no necesitaba. Los dos niños y el hombre sin piernas estaban pendientes de lo que yo fuera a decidir.

martes, 26 de diciembre de 2017

NATAL


Amanezco en una casa vacía y no logro recordar quién soy. Me visto con las bermudas y la remera tiradas junto a la cama, me calzo las zapatillas y camino apurado al baño para orinar. Sé dónde está el baño, por qué escalera bajar para sentarme un rato en la cocina, reconozco las plantas del jardín, la chimenea dominada por las calandrias vigías de las casa vecina y los árboles que sobreviven al avance del cemento en el pulmón de manzana. Conozco las llaves de cada puerta y salgo a la calle para mirar la ciudad desde mi vereda. Casi no pasan autos por la Avenida. Sé que es lunes de Navidad. Me vuelvo y veo la bicicleta en el jardín delantero de la casa. La monto y comienzo a pedalear.
Pienso en un hombre joven que cruza el océano en barco y al llegar a tierra, siente que todos sus recuerdos se han esfumado y que debe iniciar una nueva vida. Así de sencillo. Nada trae en su alforja. No tiene una historia para contar. Sin embargo, sabe como caminar, habla un idioma y detesta las verduras en la sopa. Algunas cosas no se olvidan nunca. Como andar en bicicleta.
Cintas delgadas enredadas en el pasto de una vereda descuidada se mecen con el viento. Busco pero no encuentro las carcazas de plástico. Son cintas de cassettes. Llegando a la esquina, encuentro otra atada a una pequeña rama. Fue el niño. El me contó que antes la música se escuchaba en esas cintas, me describió las cassettes y me habló de unas más anchas en las que se filmaban películas. Lo había aprendido un poco en la escuela y otro poco en Internet. Mientras me enseñaba como una reliquia del pasado lejano algo que había pertenecido a mi presente, ataba una de las cintas a la rama y corría agitándola bajo el sol.
Natal. Esa es otra forma de decir Navidad. Aprendí esa palabra en tiempos de cassettes. Pedaleo y recuerdo a la muchacha que me la dijo sonriendo. Su nombre era Viviane. Fue en otro país al que llegué luego de un viaje de más de un día en ómnibus. Aquella vez no sentí que perdía la memoria ni que me despojaba de mi pasado. Descubrí nuevos olores, estuve con personas que respiraban distinto la música y el mar y me abarroté con torpeza de muchas otras palabras y gestos de ese nuevo idioma. Pero fue la muchacha de la Rua Santa Catarina quien me hizo sentir que mi vida ya no sería la misma. “Ainda somos os mesmos e vivemos”. Palabras que enciende una cinta de cassette volando al viento un lunes de Natal.
Dando la vuelta a la manzana, doblo en una calle tranquila. Sobre el asfalto y la vereda, a la sombra de los árboles, medio centenar de palomas comparten su ronda. ¿Advierten que es un día distinto? Alzo la rama en alto con una mano mientras guío con la otra y paso en medio de las aves que levantan vuelo. Soy un cometa a pedal con una estela de plástico magnetizado que se mece entre aleteos apurados. Giro en la esquina y vuelvo a girar en la que sigue hasta volver a la cuadra en la que inicié la marcha. Me detengo frente a la casa en que amanecí y me quedo mirando hacia el cielo el nido que una pareja de horneros edificó en la punta de un palo de luz. El chingolo que canta posado en uno de los cables se marcha cuando ve llegar al hornero, que se asoma a la entrada del nido, hurga en su interior, se para sobre el techo, se queda unos pocos segundos en silencio y luego extiende la cola, agita levemente las alas y estira el cuello hacia el cielo soltando el trino repentino de su ki ki ki metálico. Su pareja lo acompaña con notas punzantes desde dentro del nido. Miro boquiabierto hacia la punta del palo cuando el niño pasa raudo a mi lado en su bicicleta, me quita el palo de la mano y pedalea hasta la esquina mientras agita su serpentina.
-¿Dónde la encontraste?- me pregunta luego de parar su bicicleta frente a la mía.
-Allá, entre el pasto.
-¿Vamos en bici hasta el Parque, papi?
-Vamos.
-Esperá que traigo la pelota de básquet.
-Dale.
“Papi”, pienso y sonrío mientras espero. Sale de la casa, pone la pelota en el canasto de mi bicicleta e inicia la marcha. Lo sigo. Será mejor dejarme llevar por mi nueva vida.